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Aprendizaje como experiencia


En primer lugar, aquí se asume como un supuesto básico que el aprendizaje no se limita a un época de la vida, a un espacio o a un tipo de experiencias, el aprendizaje siempre está presente en la vida del hombre, en el conjunto de su experiencia.

Las personas actúan según su experiencia y según su forma de “experienciar” (de tener experiencias), por lo tanto, para modificar esto (el modo de ser) no se puede recurrir a uno solo de sus elementos (la emoción, las ideas o conceptos, los conceptos, los objetivos, etc.) sino al todo de la experiencia. Sólo una experiencia modifica a otra experiencia, sólo una serie de experiencias incompatibles o seductoras alteran un modo de ser.

Si olvidamos este hecho, corremos el riesgo de convertir la educación en una serie de actividades de entrenamiento o instrucción (lo que se puede encontrar en un manual). Ante todo, educar es convencer al alumno de la necesidad de aprender, el resto es darle “empujoncitos” u ofrecerle experiencias (ahorrarle un tramo del camino: el vagabundeo). Por supuesto, tampoco este “resto” es fácil. Pero la educación radica esencialmente en la formación de la actitud y los objetivos.

Una idea común y errónea es atribuir el comportamiento real al modelo de comportamiento que la teoría propone, así se conceptúa que el hombre actúa en función de sus conceptos, por más implícitos que se encuentren: es el modelo TEORÍA-PRÁCTICA, en el que la conducta realiza la idea (algo platónico). Se deduce que si modificamos los conceptos, entonces se modifica la conducta. Tener conceptos es como tener auto: uno puede movilizarse sin ellos o abusar de ellos hasta estrellarnos. La mera posesión no es sinónimo de buen uso (y a veces, ni de uso siquiera). No sería bueno aplicar una concepción tan esquemática de la conducta humana.

Es en las situaciones problemáticas donde se muestra la verdad de la persona, donde la totalidad se juega. En esas situaciones se aprende. El aprendizaje, cuando parte de uno mismo, puede ser agradable o desagradable, puede ser un juego o puede no serlo, aunque sea una simulación de las situaciones reales, no es una ficción. Por ello, la educación debe destacar el empleo de situaciones conflictivas como eje de su empeño.

Un problema exige una solución: aprender es, en buena medida, asimilar ciertos procesos y procedimientos de búsqueda de soluciones. En ese sentido, podemos proponer al menos tres actitudes típicas:

a) Aplicar soluciones probadas, sean adecuadas o no al caso.

Se asume

“actitud conservadora”

b) Buscar soluciones de otros (nunca proponer o crear soluciones propias)

Se copia

“actitud dependiente”

c) Buscar nuevas formas de solucionar

Se crea

“actitud innovadora”

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