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De mi experiencia como profesor

En mi trabajo como docente, en especial con los adolescentes, he llegado a considerar algunas opciones didácticas como las siguientes, basadas en su psicología…

1) Plantear el aprendizaje como un reto y no como una obligación porque a los adolescentes les llama la atención ir en contra de la autoridad.

Esto implica exigir de los alumnos un aprendizaje participativo, constructivo, descubridor, no pasivo. Llamamos RETO a preguntas que muevan a discusión, a situaciones que exijan considerar alternativas, a problemas que requieran competir por conseguir las soluciones. Apliquemos aquí las leyes de condicionamiento operante y de la adicción a los video juegos: refuerzo inmediato, puntaje claro a cada logro.
Debemos convertir lo que debe conocerse en algo desconocido pero apetecible.

2) Hacer comprender que el aprendizaje es un hecho diario y común porque a los adolescentes les molesta hacer algo que no quieren hacer, les molesta la exigencia, aunque la comprenden o la aceptan si algo REAL.

Esto implica colocar al aprendizaje en la órbita natural de la vida y no como algo externo o impuesto. Debemos presentar lo que debe conocerse como algo ordinario y propio de su ser. Aquí es muy importante reconocer que la autoestima se incrementa cuando lo aprendido es una ganancia y no un premio.

3) Hacer comprender que no aprender significa caer en una situación desagradable por segunda vez porque a los adolescentes les frustra mucho equivocarse.

El no aprender se valora actualmente como una forma válida de crítica al adulto y a la autoridad, como una manera de expresar su diferencia y de mantener su personalidad. Hay que cambiar esa implicación, para que el no aprender signifique simplemente un error, una tontería, una impotencia: el no aprender debe valer como un estímulo aversivo por sí mismo, no sirve para expresar nada.

4) Motivar el aprendizaje desde las motivaciones básicas y primarias, creando las secundarias y complejas a partir de las primeras. Esto porque los adolescentes no poseen conciencia de que las motivaciones secundarias, como el honor, el ansia por el conocimiento puro, existen en ellos, pero están negadas en cuanto significa una vinculación con la autoridad y disminución de la autoestima.

Esto implica que el profesor debe diagnosticar qué motivaciones predominan en el aula y hacer descubrir en el alumno que las motivaciones que les “proponemos” ellos las asumen dentro de su pequeña sociedad, de su grupo. Por ejemplo, se burlan del “patriotismo” como una especie de “mentira” que ni los adultos se la creen, pero la encontramos en ellos en situaciones en que nunca “acusarían” o “señalarían” una acción de otro compañero aunque fuera “mala”.

5) El aprendizaje es un acto continuo de comunicación, no de información o instrucción. Por lo tanto, hay una interacción que está conducida por el profesor, pero debe ser mantenida por ambas partes del proceso educativo. A los adolescentes les disgusta no ser tomados en cuenta y les disgusta con una intensidad exagerada para un adulto.

Nadie puede lograr una atención permanente en algo en lo que no esté implicado personalmente, ni siquiera quien tenga altos niveles de valores. En este último caso, la atención depende de que se convierta el hecho en algo relacionado con la persona en algún aspecto, aunque sea de manera muy lejana, como una finalidad trascendente.

Todos los miembros del proceso educativo son agentes del aprendizaje y éste es continuo e inenterrumpido. Todos deben ser conscientes que sin comunicación no hay aprendizaje, que aprender es el resultado de una comunicación exitosa y de que no hay comunicación exitosa si no hay retroalimentación honesta o aclaración de las pautas y reglas de la comunicación misma.

Esto puede verse en los exámenes, los cuales son solamente la retroalimentación para el profesor en su comunicación con el alumno, no es un control o una barrera que deben saltar sino una manera de confirmar si el profesor ha llegado a su mente con su guía.

6) Evitar que el foco del aprendizaje (el profesor, la computadora, el laboratorio, etc.) se convierta en un productor de estímulos, una especie de pantalla sin profundidad, a la que basta mirar para saber. Esto es necesario tomarlo en cuenta porque los adolescentes están fuertemente vinculados a un modo VISUAL de percepción de la realidad, lo que significa que tiene todas sus ventajas -como la multiplicidad o paralelismo de estímulos- pero también sus desventajas -como la superficialidad, la atemporalidad -necesaria para la memoria-, la falta de energía o pasividad -ver es recibir, no actuar-. En cambio, el aprendizaje por medio de la lectura no es puramente visual o es un modo no pasivo ni atemporal de percepción visual

Tanto la lectura como cualquier medio que requiera la apreciación o uso del tiempo y de un examen más atento -la profundidad o perspectiva-, es decir que haga captar las dimensiones de un tema -y no sólo su existencia- son medios adecuados para eliminar la pasividad y activar una serie de mecanismos mentales (habilidades) que al aparecer den “cuerpo” y no sólo “imagen” a la experiencia. Mientras más planos tenga una experiencia, más se grabará, más fácilmente se recordará, más se usará el “transfer” o aplicación de estrategias de aprendizaje generales a distintos temas.

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