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Comprender para aprender

A veces estamos totalmente seguros que nuestros estudiantes nos comprenden,es decir, han comprendido lo que se está haciendo en el aula. Es una epifanía, un encuentro remarcable, inolvidable. Pero sólo a veces. ¿Cuáles son los signos de este fenómeno? ¿es necesaria la comprensión para que exista “educación”? ¿tenemos a la mano algunos métodos, técnicas o maneras para llegar a la comprensión? Partamos de la suposición de que la comprensión o el mutuo entendimiento es una caraterística de una relación educativa fructífera. Y partamos de la idea de que sin comprensión, no existe educación posible, pues, la educación no es un asunto de suerte.
La relación en el aula es, básicamente, una relación social. No da por sentado que debe hacer lo que “ése de alli”, que no conoce, ni es parte de su familia o su barrio, le propone. Es una situación en que debe conseguirse una relación de confianza. Cuando ésta se consigue, el estudiante hace lo que se le propone porque sabe y siente que llegará a algún lugar que le será beneficioso. Aquí existe la comprensión. Cuando el maestro supone que debe “imponerse” al estudiante, el estudiante simplemente fingirá, lo engañará, lo evadirá. No existe la comprensión, sólo la reacción. No es la severidad del maestro “antiguo” lo que establecía el aprendizaje, sino la seguridad que podía infundir en el estudiante, y si el estudiante no la sentía, se limitaba a ser “entrenado”, y en la primera ocasión escapaba hacia su ser real.

Veamos, cuando les propongo a los estudiantes una pregunta sobre alguna experiencia, como “¿por qué María actuó así en este caso?” o “¿recuerdan cómo se sentían cuando…?”, los estudiantes se sienten atraídos en la medida que reconozcan la realidad propuesta. Recuerdo algo que contaba Lulú, la pequeña. Su maestra le preguntó “Invitas a tres amigos a tu casa, tienes 5 manzanas, ¿cuánto le toca a cada amigo?”. Ella dijo “una manzana”. La maestra pensó que no sabía, hasta que ella continuó “porque yo me quedo con dos, ya que es mi casa y soy la que invito”. La situación social propuesta era artificial, no era reconocida por la alumna de la manera en que la maestra esperaba. Entonces nace la incomprensión y, quizá, llegamos, como docentes, a pensar que los alumnos no saben. Ella podía dividir muy bien, dominaba la operación en su provecho y la respuesta era distinta a la que esperaba la profesora, además, era una operación más compleja, porque dividía en función de dos grupos: yo (Lulú) y los amigos. ¿Qué hacer? En este caso, ciertamente Lulú no se comportaba muy bien con sus amigos. Habría que aprovechar el momento para conversar (conversar, no perorar, no machacar) sobre la equidad, la cortesía,etc.
Otro caso de incomprensión basados en dos lecturas distintas de los mismos hechos, de alumnos y docentes. Descubrí un software muy divertido para aprender las operaciones matemáticas y para practicarlas a través de varios juegos, situaciones de aventuras, etc. Los alumnos estaban concentrados, no hacían indisciplina, cada vez resolvían las operaciones presentadas más rápido. Estaba en la gloria suprema. Hasta que oí una conversación entre los alumnos de otro grupo con los míos. Los otros les preguntaban qué tanto hacían en la sala de computadoras. Ellos respondían “ah, pasamos la clase jugando”. Una terrible desilusión, me sentí derrotado. Pero no me quería rendir. Entonces les tomé un prueba, que debía resultar sencilla. Salieron pésimo. Entonces me di cuenta de mis errores. Primero, no comprendieron que estaban aprendiendo, es decir, no fui claro al relacionar el juego con lo que tenía que aprender EN SUS MENTES. Para mí estaba claro, para ellos no. Segundo, consecuencia de lo primero, sólo eran diestros en el manejo del software y NO VINCULABAN lo que hacían allí con situaciones reales. No hubiera sido difícil trabajar estos dos aspectos previamente y reforzarlos continuamente. Pero me aislé en mi soberbia, supongo. Tercero, los otros alumnos tienen padres, por lo tanto, mis alumnos estaban creando un problema posible para el centro educativo y para el ambiente escolar.
Por eso creo que este asunto de la comprensión es un asunto totalmente FUNDAMENTAL, si no se empieza por él, TODO lo demás va mal.
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