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La lectura como experiencia

Si veo un objeto y escapo en dirección contraria, desde mi punto de vista ¿qué debo suponer sobre ese objeto?. Debe ser algo que asuste. Si veo un objeto y trato de tocarlo, ¿qué debo suponer que sea? Algo que cause curiosidad o atraiga. La primera reacción ante un estímulo nos dice más del sujeto que del objeto. En el caso de un texto al que leemos, la reacción no suele ser una acción, sino un complejo de asociaciones mentales al que llamamos EXPERIENCIA.

La EXPERIENCIA de leer se compone de imágenes (visuales, generalmente), recuerdos, sentimientos, ideas, pensamientos semi-expresados, enunciados lingüísticos, principalmente. No siempre esta experiencia es continua ni coherente, generalmente no es consciente y tampoco se la delimita claramente. A veces se la recuerda con unos enunciados lingüísticos muy generales, de gran generalidad y vaguedad, como: “difícil”, “argumento interesante”, “gran dinamismo”, “bonito”, “sorpresivo”, “confuso”, “me gusta su forma de relatar”, etc. Generalmente no podemos rescatar la experiencia originaria de leer ese texto. Por desgracia, perdemos así el hilo que nos conduce al objeto y nos sentimos confusos y vacíos.

Al decir esas palabras que intentan recuperar nuestra experiencia lectora, también estamos dando unos retazos de lo que se supone que sea un texto literario. Por ejemplo, si digo: “bonito” o “armonioso” o algo similar, estoy suponiendo que el texto es una cosa, algo que puedo tocar o ver; si digo “intrigante”, “apasionante o apasionado”, el texto es una situación de la que me siento parte; si digo que es algo “inentendible”, “difícil”, el texto se me presenta como una serie de palabras a las que no les encuentro un referente claro.

A través de nuestras reacciones lingüísticas podemos “adivinar” qué tipo de realidad es para nosotros el texto. Cuando digo “tipo de realidad” no estoy pensando en mundos paralelor o profundidades ontológicas, parto de algunas diferenciaciones que hacemos todos los días al hablar. Así, podemos decir que, según lo que yo diga de él, el texto leído es para mí …

[a] un EVENTO LINGUISTICO conjunto de oraciones
[b] una SITUACION vivencia, recuerdo
[c] una COSA objeto percibido
[d] un SINTOMA transformación de otros hechos
[e] una ACCION EXPRESIVA grito, gestos, llanto, etc.
[f] un ORGANISMO/ SER VIVO todo compuesto de partes
[g] un ACTO SOCIAL súplica, queja, orden, etc.

Por ejemplo, cuando converso con un amigo y le explico el texto recordando principalmente como se relacionaban los personajes y cómo se comportaban, probablemente me llame la atención ese texto como si fuera un repertorio de ACTOS SOCIALES.

No solamente debemos ser conscientes de lo que implica nuestra reacción lingüística ante lo leído, sino que nos puede ayudar el tipo de acto que realizamos al leer y reaccionar. Por ejemplo, ¿qué hace esa persona que al leer se salta las descripciones porque le interesa saber lo que pasa?. Él intenta descubrir algo en ese texto. Proponemos estos actos generales, entre los cuales hay que hallar nuestra forma de leer particular:

[a]
DESCUBRIR
buscar el tema, el argumento

[b]
COMPRENDER
identificar el sentimiento, empatía

[c]
RECREAR
asociar otras experiencias, disfrutar de las evocaciones

[d]
EVALUAR
criticar las ideas, encontrar faltas

[e]
RESPONDER
escribir algo similar, comentar lo leído

En este caso, no estoy mencionando lo que hace DESPUÉS de leer, sino lo que hace DURANTE la lectura, de lo que no necesariamente es consciente, pero que si puede llegar a recordar.

Ahora bien, si existen tantas posibilidades de leer, tantas formas distintas de “experienciar” una lectura, ¿por qué solemos reducir todas ellas a una búsqueda de información? (sea información objetiva -como la idea central o secundarias- o información subjetiva -como mi opinión sobre el tema-) Mejor no pregunto el porqué. Mejor digo: podemos leer un texto en grupo, si cada estudiante aporta su experiencia de leer y armamos un mapa de la complejidad del texto. Es más fácil recolectar experiencias distintas sobre un mismo texto, que conseguir que todos los estudiantes tengan la misma experiencia (esto último es un asunto de condicionamiento, y no de comprensión).

Debemos evitar disminuir o aniquilar ese punto de vista de personal de la lectura. Me dirán que es necesario tener una lectura objetiva de un texto, es bueno encontrar la información del texto. Sí, por supuesto, pero como resultado de que un grupo está de acuerdo de lo que es objetivo (éste es el límite real de la objetividad: la intersubjetividad). La información del texto sólo puede extraerse cuando cada estudiante deslinde lo que no es objetivo, lo que es social o compartible en el texto, su cualidad de “referenciador”. Así como uno parte del yo para comprender el nosotros, el estudiante lector debe partir de su experiencia para encontrar, en grupo, la información inter-subjetiva del texto.

Podemos empezar a delimitar la experiencia de leer, la podemos definir, capturar de algún modo. Si se experimenta el texto como un tipo de objeto X y lo que hacemos al leer es Y, con la ubicación de los elementos o componentes que han originado la reacción o que se nos han aparecido primero y más claramente o últimos y menos claros, terminamos la triangulación necesaria para expresar nuestra experiencia de leer. Sabiendo esto, que es un inicio, podemos encontrar otras formas de ser distintos, podemos identificarnos por la diferencia y, tal vez, llegar a aprender JUNTOS la complejidad de la vida.


FOTO: AndrewMorrell

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