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Tecnologia y poesia

Hace tiempo (desde que tenía diez años, creo) quería decir algo al respecto. Me he pasado la vida tratando de unir “viaje a las estrellas” con “césar vallejo”, “la razonabilidad y la exactitud” con “las emociones y la fogata de las experiencias”. Me he pasado la vida atisbando el interior de un mecanismo complejo llamado “mente” tratando de no creer que existe “alma” pero sintiendo que esa palabra arroja una sombra que me toca el hombro. Armar con pedazos tangibles un fantasma de olores. Una vida que aún no termina y que empieza a sedimentar en algo.

Me digo que soy un híbrido, desde una vertiente biológica. O, desde una vertiente cultural, un mestizo. O, porqué no, un mutante. En fin, son formas de llamar a algo que no podemos definir. Cuando los conquistadores llegaron (no me refiero a los monstruos de Titán ni a las sensaciones activadas por una mujer amada) trataron de llamar a los animales que encontraban con mezclas de animales conocidos. Creaban palabras que eran monstruos, que no tenían raíz en el objeto, sino en su propia conciencia. Tampoco los conquistados se zafaron de la misma sensación, sólo que no consta mucho de ello. Atravesar un país nuevo es empezar una fiebre léxica: acaso la vivimos con un país que no es real pero que existe: el noumeno digital, o la cultura digital, o la cibercultura, la sociedad tecnológica, etc.

Esa sensación en mí, como identidad de ser, de incomodarme conmigo porque me siento armado con fragmentos de metal y retazos de piel, también es una sensación compartida, quizá no entre la poesía y la tecnología, pero sí entre la tecnología y otro tipo de experiencia irreductible a la tecnología. Por ejemplo, la religión, el arte, el amor. El que cree o tiene experiencias religiosas y gusta de la tecnología finalmente empieza a vivir un doble vínculo: ¿cómo creer en la experiencia de lo inefable o en un ser invisible dador de vida, cuando podemos duplicar eso con otros medios, o casi, o ya cerca? Cuando se debate acerca de la vida en el feto, y el que cree dice que apenas se fecunda el óvulo hay vida, ¿de qué idea de vida se habla, cuando podemos clonar, manipular, alargar, cultivar la vida? El científico que cree busca una explicación con su razón. Tal vez se calme al pensar que nunca podremos explicar todo, pero también se muere por explicarlo todo. Por reducir lo inefable a una idea humana. Es una contradicción.

Y decía Chesterton que el ser humano es el ser contradictorio. Y decía Data que se admiraba de que los humanos podamos mantener, al mismo tiempo, emociones encontradas, ideas opuestas. Y vivir con ello. Supongo que eso nos hace avanzar. Quizá somos para siempre un híbrido. O, de otro modo diciéndolo, somos esencialmente un mestizo. Irreductiblemente, dos experiencias distintas flotando en el mismo cerebro, persiguiéndose como perro y gato, o como dos perros o dos gatos, o como un tema musical perseguido por su contrapunto complementario. O como la tecnología y la poesía, haciendo cosas para seguir creando. Así, sin un punto final

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