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PELIGROS DE LA TECNOLOGIA

robot invasion
La tecnología nos engaña. Hace promesas que no va a cumplir. Deja que hablen de ella como si fuera perfecta y toda la perfección fuera suya. Cuando la vamos a usar, ahí van apareciendo sus límites, sus ausencias, sus imperfecciones. Esta sensación creo que no es solamente mía. Y, como ya estamos metidos en ella, justificamos sus faltas, o, realmente molestos, la abandonamos para siempre. Esto último no quiero. ¿De dónde viene esta sensación?, aunque no es la única actividad humana que la provoca, ¿por qué se acentúa tanto, por qué es tan intensa?
Creo que sucede lo siguiente.
Muchos consideramos las máquinas como objetos. Concientemente afirmamos esto, lo decimos claramente, pero extendemos sobre ellas nuestras sensaciones y emociones y prejuicios. Y con las máquinas, como no queriendo, se unen los datos que contienen, el uso que les damos, las costumbres que tenemos con ellas. Como si el contacto con las máquinas tuviera, de modo no reconocido pero sí evidente, una especie de halo místico. Así, las sentimos como magia, las tratamos como jardines o acuarios (les ponemos adornos, les hablamos a veces), sospechamos de ellas (muchos no negarán cierta sensación Hitchcock cuando hacen algo que nos sorprende, como apagarse solas). De alguna manera las incorporamos en nuestro mundo, que no es un mundo de objetos, sino de experiencias.

Esto, que no sería más que una verdad inocente, se transforma en un marco ominoso cuando empezamos a leer noticias en los periódicos, referidas a delitos a diestra y siniestra, asociados con la tecnología. Nos damos cuenta que los narradores de dichas noticias explotan ese halo sugestivo de las máquinas, como si fuese un síndrome de Frankestein. Es una manera de contar en la que se realza ciertos bordes de la situación para relacionarlos con nuestros temores y engendrar en el lector una necesidad de más emociones, al crear una expectativa. La adicción al lado oscuro la llevamos todos como una amenaza o como una condición de ser humano. Las máquinas no son malas o buenas, ominosas o simpáticas. Tomar un taladro o una sierra eléctrica para convertirlos en armas de la tortura es un efecto artístico que finalmente genera una temor a las máquinas que se hunde en nuestros temores ante lo no natural, ante lo artificial. No es el efecto artístico de usar una máquina neutral y convertirla en un monstruo lo que me preocupa, sino el extremo al que se llega: infundir temor de la tecnología, aprovecharse de la sensación de inseguridad ante los avances acelerados, despertar recelo solamente sin despertar comprensión.

Aquí me preocupa entonces la explotación del temor. Pero podría ser que realmente la tecnología produzca efectos negativos. Perniciosos. Aunque usáramos la tecnología en un ambiente sano, con criterios y principios claros, podría suceder que la tecnología causara alguna deformación o llevar por caminos peligrosos. Veamos una posibilidad. En esta escuela tenemos cinco computadoras, los estudiantes y los profesores acuden una vez o dos a la semana al aula donde se encuentran y realizan actividades de investigación. Como les permiten regresar en un horario fuera de clase, los estudiantes vuelven en la tarde. No gastan dinero, sólo deben aguardar qur haya un turno para que accedan a la computadora. En sus actividades de investigación descubren sitios web con juegos en línea, descubren que pueden encontrar imágenes y videos de todo tipo, se contactan con otros cibernautas que no pueden ver y que le hablan de experiencias no imaginadas antes. Significa que disponen de acceso “ilimitado” a distintas experiencias (ilimitado en el sentido de que no es posible imaginar el límite en que se agoten esos recursos). Parece que existe algo de interés para cualquiera. Sea el interés que sea. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que “el interés” o “las preferencias personales” no se forman de manera consistente hasta el fin de la adolescencia. Sólo después de explorar distintas experiencias se descubre o se construye una individualidad. Pero si a edad temprana se establece un lazo de dependencia con una fuente de experiencias, se deforma el desarrollo de la identidad personal. Esto sucede no sólo con las tecnologías, sucede con las escuelas en una sociedad totalitaria, con los clubes de fanáticos de estrellas de cine, con los adoradores literales de cánones y normas. El problema específico con las tecnologías es que aceleran el proceso al multiplicar el acceso a esa fuente de experiencias, al estar tan “disponibles”. El problema no es la tecnología en sí, sino sus posibilidades. El problema está en el contexto de utilización de la tecnología, que se rige por la relación entre oferta-demanda, cuando debería regirse por la relación necesidad-valor.

¿Qué quiere decir esto? La tecnología, que en el caso analizado es internet pero es extensible a todos, tiene la característica de conseguir resultados sobre-humanos. Potencia la capacidades a un extremo impensado. La tecnología es una extensión del hombre que lo modifica, al permitirle realizar lo que antes sólo soñaba. Pero el peligro es dejar de soñar, dejar de imaginar lo mejor, al satisfacernos con lo que ya alcanzamos o lo que nos proporciona la tecnología ahora. Si me satisfago con los videos, probablemente quiera más de lo mismo, y la exploración no nos hace crecer, sólo nos alimentamos de variaciones del mismo tema: videos. No me imagino la exploración de otras posibilidades. Me termino encerrando en mi limitado yo, que no creció. Me quedo viviendo en un mundo sin consistencia, donde sólo puedo querer lo que siempre he querido. Tengo miedo a lo diferente. Dejo de ser una persona, un individuo, soy un hato de estímulos y respuestas.

Es en esta explotación o saturación de las mismas y repetidas experiencias (aunque cambien aparentemente, siempre son las mismas) donde radica las posibles consecuencias dolorosas de la tecnología. No en el halo de misterio o en el síndrome de Frankestein, sino en el olvido que el ser humano crea las tecnologías para seguir preguntando: ¿quién soy, adónde voy? Parafraseando a Kant, digo

“la tecnología sin imaginación es ciega, la imaginación sin tecnología es manca”.


La foto es Attribution-NonCommercial-ShareAlike License by Don Solo

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