Los temas del blog

Creación y azar ante el ser humano

soy yo

El azar ha empezado a escribir desde siempre y nosotros somos un resultado: es una molesta idea recurrente de los que abandonamos el paraíso crédulo del Génesis. Si bien nos consuela en algo la teoría de la evolución y su mecanismo la selección natural (recargada, claro), siempre nos seduce la nostalgia de un dolor y nos queda la sospecha de que no existe posibilidad de orden alguno. La sinuosa búsqueda cuántica de más subpartículas y teorías de cuerdas (para muchos, una demostración de la locura de los científicos, para mí, de su poética), nos vuelve a llevar a un mundo donde no existe un orden bibliotecario, tranquilo, mudo, codificado y rastreable.

¿Somos una convergencia azarosa? El asunto intriga por todos lados. He citado la biblioteca porque es un lugar donde existe en orden un universo con sentido(s). En sus anaqueles, en un recorrido que nos quita la respiración de tanto sosiego, hallamos a cada paso unidades de significado, que llamamos libros. Las unidades de significado de nuestra cultura. El minimo común divisor de nuestros conocimientos. Estiremos la mano en cualquiera de las repisas de las bibliotecas que frecuentemos (o que imaginemos o recordamos): hallaremos en sopor entintado el reposo de ideas que al menor roce de nuestros ojos empezarán su danza o saltarán a mordernos. Es el lugar con mayor concentración de sentidos que podamos elucubrar. Y es donde su paz proverbial recuerda al cementerio: donde los cuerpos yacen y las almas empiezan un camino.

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Celulares y computadoras o la convergencia funcional

La tecnología es una búsqueda incesante por mejorar lo que se tiene, aplicando cualquier tipo de conocimiento que ofrezca resultados tangibles. Eso se hace evidente en la carrera emprendida por la comunicación móvil, desde que los primeros celulares aparecieron hasta hoy. Se han vuelto más pequeños y más potentes, con menos requerimientos de energía (duran más) y ofrecen más. Los "smartphones" o teléfonos inteligentes son computadoras pequeñas que permiten navegar por internet, ver películas de alta calidad, enviar correos o mensajes multimedia, tomar fotos o grabar videos. Y los procesadores que lo permiten son más pequeños y potentes. Hay otra carrera similar, que es la de las computadoras personales, las cuales han posibilitado que se disponga de potencia para procesar datos suficiente para trasladar al hogar o al puesto unipersonal de trabajo muchas funciones antes reservadas a fábricas o empresas mayores. Por ejemplo, imprimir un libro de cierta calidad puede hacerse con una buena impresora y todo el software de diseño gráfico del que se dispone hoy.

Estas dos carreras parecían correr por carriles distintos o darse en estadios diferentes.  Pero… Lea el resto del artículo >>> Celulares y computadoras o la convergencia funcional

Aprovechar la experiencia de navegar por internet

Computer Cake

Navegar por internet ¿a qué se parece?

Podemos navegar por internet como ir de compras (“shopping”, le dicen), donde buscamos regresar a casa con alguna cosita comprada, que es el objetivo aparente, pero la experiencia es salir de casa, con amigos, para mirar por ahí y por allá, distrayendo la mente, compartiendo la búsqueda de algo que nos agrade. Comprar es una excusa para pasarla bien en buena compañía. Esto también lo hacemos en nuestro mundo virtual. Entramos al navegador para algo, como enviar un correo, actualizar nuestros datos en redes sociales, subir una foto. Y mientras lo hacemos, saltamos de aquí para allá, mirando los muros de los amigos, enviándoles un mensaje, comentando sus fotos o notas, etc. Conversamos un rato, y otro, ý un poco más. Se nos pasa el tiempo en esto. Esto que puede ser una actividad diaria y una manera de navegar.

O quizá podemos navegar como vemos televisión, haciendo “zapping”, es decir, estamos mirando un programa, pero mientras están los comerciales saltamos a otros, o simplemente saltamos de uno a otro, mirando porciones de cada uno. Tal vez sucede que cada programa tiene algo interesante o bien ninguno es tan interesante como para robar toda nuestra atención o no nos podemos decidir por experimentar lo que nos propone cada programa (quizá estemos inquietos pensando en nuestros problemas). Eso hacemos también en internet, cuando no nos decidimos a establecer conversaciones, sino que andamos picando páginas, sin meternos de lleno a una. Nos atrae la vida de una estrella de cine, pero también ese artículo de cómo hacer barquitos de papel o un video en youtube y así por el estilo.

De todas esas experiencias ¿qué me queda? La satisfacción, el entretenimiento, unos nuevos favoritos en el navegador, un archivo que he descargado, pero la memoria es frágil y solo me quedan estos retazos de horas y horas de navegación.

¿Puedo mejorar esa experiencia, para que no quede solo como unas horas de agradables sensaciones sin resultados?

 

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Aprender a ser en la virtualidad

shiny star leaf fringed weirdly in tarry moongate

No hay duda que la tecnología inunda el mundo. Es inevitable encontrarla a cada paso, visible o invisible. La tecnología es parte de nuestro contexto cotidiano y ciudadano. Por lo tanto, se espera que podamos usarla y aprovecharla en nuestro día a día. En un país como el nuestro, en que existen muchas zonas con desventajas económicas, se dirá que no encontraremos tecnología y que más bien su ausencia es una desventaja más. Sin embargo, la tecnología se presenta de muchas formas, muchas veces de manera inadvertida o poco notoria. Incluso en esas zonas de pobreza, la necesidad de comunicarse es ineludible y exige soluciones de mínimo costo y mayor efecto. Las tecnologías de información y comunicación han alcanzado a todas las zonas, incluso las más recónditas, y, si no lo han hecho, son las tecnologías que se requieren en la primera oportunidad, porque abren oportunidades. Por ello decimos que el aprendizaje de estas tecnologías es, de hecho, una necesidad en cualquier lugar de nuestro Perú. 

Radio, televisión, celulares e internet son el abanico tecnológico que conocemos y usamos, unos más que otros y que empleamos para la comunicación. La radio y la televisión nos han exigido el aprendizaje de nuevos códigos, que impregnan todas las actividades sociales. En muchos casos, la cultura aprendida de la mayoría de la población se ha nutrido de estos medios de comunicación. Por ello, hemos aprendido a captar una señal de radio y a sintonizar un televisor, y, más allá del dominio del aparato, hemos aprendido a interpretar los ruidos, voces y silencios y los distintos géneros que ofrece la televisión. Comprendemos que los "talk show" no son la realidad, que es distinta una telenovela que un documental y que las noticias de distintos canales ofrecen distintas versiones de un mismo suceso. Eso significa haber aprendido a comunicarnos por radio y televisión. Ciertamente, no hemos llegado a producir programas de radio o de televisión, pero en las escuelas se suelen usar para que los estudiantes se diviertan y aprendan y, además, se involucren con su realidad inmediata. Hemos aprendido todo esto sin recibir clase alguna, participando de la escucha o de la visión, conversando. Probablemente, por eso mismo, no habremos llegado a crear programas de radio o televisión, y porque no teníamos los medios técnicos adecuados: grabadoras, filmadoras, etc. Lea el resto del artículo >>> Aprender a ser en la virtualidad

Pensando ahora, antes de votar

Reflexión sobre la política

"La política es una actividad poco limpia" es una creencia común ("poco limpia" es una frase delicada, claro). Supongo que eso se deduce de que la política se fundamenta en "lo importante son los fines, no los medios", lo que se entiende como obtener resultados no importa el modo. Además, otra frase colorida viene a terciar: "la mujer del César no solo es decente, sino que debe parecerlo", que la traducimos como "lo importante son las apariencias". ¿En qué termina esta "filosofía política"? En la hipocresía y en la falta de consecuencia. La política no es política real (el arte de gobernar), sino apaño y astucia cualquiera para hacerse con el poder. Es que se arreglan las ideas para adecuarlas a los hechos. Sin un sistema de valores sólido, solo los resultados dictan normas. Pero los resultados no son los fines. Los fines son las consecuencias reales en las personas, no las ventajas a obtener. Y solo parecer decente no es el mérito de la mujer del César. La responsabilidad del ciudadano está en buscar los beneficios para todos, no la conveniencia de un grupo. Por eso, es que no existe "política" en el Perú: no hay conciencia de buscar lo mejor, sino solo lo conveniente: una herencia de la democracia superficial de nuestro pasado que los videos de Montesinos expusieron. Educar en esa conciencia social es la tarea por hacer, el cambio real que no se da en unos cuantos años de gobierno sino en el ejercicio continuo de las prácticas y derechos humanos.

Somos más que un voto

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