Los temas del blog

Intento de definicion

165270030 8ddf7a4735 oSoy escritor, pero no defino dónde encajo. Escribo poemas, digamos que “bien escritos” aunque con un dejo de ansiedad, como un diario de experiencias, pero no publico en libro. Escribo artículos sobre la relación entre educación y tecnología, que suelen ser más de ideas que de procedimientos. Escribo textos vagamente vinculados con la filosofía estricta, lejanamente articulados con uno que otro marco de investigación filosófica, sin conocimiento sobre las normas de la comunidad filosófica. Escribo furiosamente memorandos, informes, planes bien pensantes y respetablemente realistas para el Ministerio de Educación del Perú. Escribo, escribo, escribo. Pero, ¿esto es ser escritor tipo cuál?

Me consuelo con el pensamiento de que no debo encajar, que, a lo mejor, andar así es una señal de individualidad. Entonces, me pongo a ver el efecto de lo que escribo. Quizá me defina mi público (aquí sonrío melancólico e irónico). Escribo en blogs, principalmente, el de poemas con pocos lectores, de los que conozco unos pocos. Y pocos de verdad, ni alcanzan los dedos de una mano. Los poemas que escribo ni son tan “profesionales” como el mainstream actual (no creo en escapar del lenguaje cotidiano, sino de los esquemas del pensar cotidiano), ni son tan “sentimentales” o “semejantes a reflexiones” como muchos otros. Digamos que me he esmerado en seguir el modelo clásico, sin usar moldes clásicos: he escogido mis poetas fundamentales y sólo imito o sigo a poetas que han pasado la prueba de los años, por no decir siglos. ¿Por qué? Seguridad, tradicionalismo, solidez, mmm. No, no creo. Más bien creo que busco en la exploración de mi propia experiencia a través de los instrumentos desarrollados antes o de otros que puedo generar. Parece una poesía bastante seca, quizá intelectual, sin mucha pasión. Sin embargo, se me quiebra la voz cuando se los leo a otra persona, frente a frente. Al menos, siento que me desnudo tan evidentemente, que me sonrojo. En fin, esos son mis poemas. Y yo.

El blog donde escribo mis artículos sobre la relación entre tecnología y educación es el que tiene más éxito, relativo, claro. Supongo que, al menos, propongo una manera personal o peculiar de mirar esa relación. Pero suelo extralimitarme en el tema. Por ejemplo, escribo sobre creatividad, el vínculo entre maestro y alumno, la sociedad del conocimiento, y temas al garete de mi lecturas y mi experiencia diaria. Es como un desahogo de mi trabajo de oficina, donde escribo para informar, recomendar, criticar: el ejercicio cirujano de la razón práctica. Como si fuesen, entonces, dos caras de la moneda, dos aspectos de mi tendencia a planificar, a razonar, a argumentar, a encontrar salidas. Bien. Pero, el efecto es, en ambos, similar, mi “público” es docente, preocupado por la educación, que buscan segundas, terceras opiniones, u opiniones claras que les ofrezca vetas del horizonte, en cierto sentido, me coloco en la posición del “experto”, y siento que, por pensar con más tiempo y relativo orden, me convierto en una fuente de información más que en una persona que conversa sobre lo que le apasiona. Ahí es que me preocupo, pero creo que no es fácil evitarlo.

arena caminosTambién me dedico a escribir textos donde me propongo explorar ideas. Pensamientos que se me ocurren, como pinturas o músicas que surgen de la mirada ante las cosas, los sucesos, las personas. Como este texto, que nace de preguntarme sobre lo que hago a diario. Estos pensamientos adquieren la forma de la experiencia que los piensa, creo que raramente recurren a formas consagradas como filosóficas en el común de las personas. Quizá eso me haga un pensador marginal, desordenado, con un aporte poco consistente a la filosofía. Bueno, estos pensamientos aparecen cuando me voy hacia atrás de lo que hago: los supuestos de mi condición humana personal. No intento descubrir una verdad universal sino entenderme un poco de manera que sea útil para vivir. Para andar por la vida con algo de horizonte y no vivir desconcertado por cada golpe de viento o disparo en la multitud. ¿Una manera de darle sentido a mi vida? Quizá, porque el conjunto de lo que escribo no es uniforme. Y sin embargo, he reforzado ciertas líneas de mi vida (y agregado surcos a mi cara). A ver qué sigue, pues.

Soy escritor porque escribo. Porque guardo en textos mi experiencia de manera que otros la entiendan y de la manera que la distingan de otra y de la forma en que la relacionen con la vida. No tengo unidad en mis temas, en mi público, en el género en que viven mis textos. Es mi respuesta híbrida al contexto en que respiro, como, duermo, trabajo, amo, duermo, etc. No tengo una función social única o reconocible. Picoteo por aquí y allá. No tengo una imagen pública. No publico (libros), ¿lo haré?, quizá, pero ¿de cómo?, ¿bajo que género?, porque si reúno lo que escribo no soy literato o poeta, apropiadamente hablando, ni filósofo, ni doctor en educación. Quizá, como Diógenes, sólo busco que no me tapen el sol. Quizá como Hegel, sólo busco comprender todo (uff) lo que vivo. Quizá como todos, busco la felicidad. En eso estoy, escribiendo.

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Para ser creativo

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Uno no puede ser creativo todo el día. Quizá la mayor parte de la vida se pase uno repitiendo, de la mejor forma posible, comportamientos que dan resultados previsibles. La invención, la novedad, la innovación no son frecuentes, parece.

Sin embargo, nunca estamos seguros de la reacción del congénere con el que comparto, ocasionalmente, el espacio. Es una sensación también frecuente. Lo cual implica que sentimos a los otros como probablemente imprevisibles. Y, como nosotros también somos otros para otros, somos imprevisiblemente nosotros. ¿Cuántas veces nos sorprendemos de nuestras reacciones?

¿Cómo pueden ser ambas situaciones coexistentes? Al parecer se excluyen.

Será que la creatividad tiene niveles, grados, escalas. Y que somos creativos sin darnos cuenta. Al fin y al cabo, tenemos preferencias distintas, que suelen ser disminuidas porque no encontramos EXACTAMENTE lo que queremos. Nos van educando para ser variados pero no para ser creativos, no para inventar. Mmm. ¿Qué? ¿ser distinto no es ser creativo? No creo. Creo que lo primero es la materia prima de lo segundo. Porque solo cuando hay conciencia de lo distinto podemos empezamos a sugerirlo como válido, como solución, como opción. Y sólo cuando llegamos a proponer, a establecer claramente lo original (es decir, lo que tiene un origen distinto), se forma lo individual, la conciencia de uno mismo. Y cuando esa conciencia de lo distinto empieza a ser fértil, frecuente, práctica y entusiasta, empezamos a llegar a lo creativo (y para eso necesitamos técnicas, procedimientos, maneras, también).

269413896 4112a25966 oDe allí, estos primeros tres pasos para fomentar la creatividad entre nuestros estudiantes:

  • la conciencia de lo distinto
  • la propuesta de lo distinto como individual
  • la reproducción frecuente de lo individual

Ahora, llegaremos a ser creativos finalmente -según mi opinión totalmente mía- cuando lo que creamos tenga algún impacto en los otros, los mueva de alguna manera, porque eso significa que no es sólo un juego de variantes sino que expresa algo de adentro, algo que “conmueve” al otro, que lo estimula, que nos acerca a los demás a través de lo distinto: aparente contradicción que es resuelta por la persona creativa.

Agreguemos un cuarto paso a los anteriores, entonces, finalmente:

  • la conciencia de lo distinto
  • la propuesta de lo distinto como individual
  • la reproducción frecuente de lo individual
  • la constatación del efecto de nuestra creación: establecer el vínculo a través de lo creado

Aprender a rescatar de los gestos y de las palabras de los demás los puntos de contacto, los momentos compartidos: es el aprendizaje de la condición humana, que debe ser la meta de nuestra enseñanza, el eje de nuestro futuro. Leí en un blog (excelente por muchas razones más), una cita de un proverbio holandés que reciclo para finalizar este mensaje, porque resume cómo la creatividad es esencia humana: “No podemos evitar el viento, pero podemos construir molinos”.

El gato de la calidad educativa

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Miren al gato, de puntitas en el grifo para no caer en el agua, que odian los gatos. ¿Pero quién lo manda a estar allí? Y en esa posición comprometida, no le queda sino mirarse la cola y esperar que nadie lo vea siquiera, que lo desequilibran y cae.

[Espero que nadie haya esperado que iba a escribir sobre el “gasto” de la calidad educativa y se lleve un chasco]

Regreso al gato y a la calidad educativa. ¿Por qué he encontrado una afinidad? El concepto de calidad educativa parece ser evanescente, nunca sólido. Parece ser una sombrilla bajo el cual reposan guerreros y monjes, cortesanos y cortesanas, el público culto y sensible y el público inculto e insensible. Digamos que es un término maleable, como la palabra “democracia”. Pocos quieren mojarse con la realidad y hacen malabares como para que no se puedan “falsar” sus nociones de calidad educativa. Si vemos un periódico, si escaneamos las frases hechas y las expresiones políticas de estos tiempos, la frase salta muchas veces pero nunca escuchamos en nuestra mente el “splash” de la comprensión, nos deja una sensación de neblina. Y sin embargo si se refiere a algo real. No tanto a la calidad del servicio, porque es relativa, es decir, depende de algo más tangible: los resultados, con no es la satisfacción del cliente (el estudiante o el padre de familia) sino el impacto de los estudiantes como ciudadanos. Existe calidad educativa cuando los servicios educativos forman individuos responsables y autónomos que pueden mejorar sus servicios educativos luego. Existe calidad educativa cuando no perdemos el tiempo en discutir lo que es, sino que buscamos ver dónde están los resultados y nos guiamos por ellos. La calidad educativa no es un concepto nominal sino pragmático o funcional.

¿Tendrá que ver este concepto con mis horas de aula, mis horas de revisión de tareas, mis horas con los padres? ¿Me sirve este concepto? ¿Me es útil? Si, si no se refiere a unas características inmutables o fijas del servicio que doy, sino a las prácticas de búsqueda de resultados, es decir, si me sirve para separar actividades y costumbres eficaces y eficientes de otras que no lo son. Como lema de mejora continua y continua autoevaluación y “benchmarking”, es útil. Como banderita de desfile, mejor ni hablarlo.

Y ahora que caigo, también el gato va por otro lado: “no nos den gato por liebre“. Por eso, no suelo fiarme de tanto artículo que repite ideas con otras palabras, de tanto resultado de Google inútil porque el criterio de búsqueda es calcar la frase y no sus conceptos satélites (su red semántica). La invasión exponencial de datos no nos debe afectar si primero establecemos un marco propio de ideas sobre el tema. Eso es lo primero, luego a recopilar información. Sólo así distinguiremos a los verdaderos maestros del tema, sólo así somos verdaderos exponentes de la calidad educativa… de nuestra época.

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Las TIC: alfabetizar o aprender

pajaro en el espacio 1928Una cuestión de sentido común nos dice: “si compras algo para que te dure toda la vida, no necesitas volver a comprarlo“. Claro que hoy pocos objetos al alcance de nuestro bolsillo duran hoy toda la vida. Pero si no puede ser un objeto, al menos no debería estudiar dos veces el mismo asunto, sólo para agregar minucias. Pero eso sucede cuando estudiamos computación, o cuando enfocamos como “alfabetizar” lo que realmente es “aprender”. Me explico, citando una autoridad célebre (¿no será redundancia esto?, NO, realmente no), Jacob Nielsen, que en su artículo del 26 de febrero de 2007, “Life-long computer skills“, escribe:

“Recientemente revisé un libro de texto para enseñar computación para tercer grado. Uno de los capítulos (”La gran calculadora”) detallaba las instrucciones de cómo hacer tablas de número en Excel. Todo muy bueno, excepto por el hecho de que la nueva versión de Excel ha cambiado totalmente su interfaz, y ahora los comandos de menú tradicionales han sido reemplazados por una cinta que despliega una interfaz de usuario orientada a los resultados.

Con pena, tengo que decirles a los orgullosos padres que la educación de sus hijas será obsoleta antes de que se gradúen del tercer grado.

El problema, por cierto, es una educación dirigida a enseñar aplicaciones específicas de software.”

[I recently saw a textbook used to teach computers in the third grade. One of the chapters (”The Big Calculator”) featured detailed instructions on how to format tables of numbers in Excel. All very good, except that the new Excel version features a complete user interface overhaul, in which the traditional command menus are replaced by a ribbon with a results-oriented UI.

Sadly, I had to tell the proud parents that their daughter’s education would be obsolete before she graduated from the third grade.

The problem, of course, is in tying education too tightly to specific software applications.]

answerY el artículo continúa elaborando ideas acerca de qué tipo de capacidades fundamentales deben ser las que se enseñen, con lo cual estoy muy de acuerdo (aunque tal vez no esté de acuerdo con las que menciona, o no con todas, pero eso es otro cantar). Se debe enseñar a investigar, no a manejar Google, o bien, investigar y saber encontrar y seleccionar qué herramienta me sirve más para cada uno de los pasos de la investigación. Por ejemplo, yo utilizo la extensión Scrapbook de Firefox para hacer mis fichas cuando recopilo información. Eso de estar copiando el texto y los enlaces a Word u otro procesador mejor para ello (como el OpenOffice.org, que tiene una base de datos bibliográfica incluida), como hacen muchos estudiantes y docentes, puede ser más lento y quizá menos eficiente. Lo importante es que tengo tres posibilidades: “Copiar y pegar a procesador de texto”, “Guardar la página con los datos” o “Usar Scrapbook” y debo saber escoger cuál me es más útil para mi tarea, lo cual justifico cuando presento los resultados y muestro citas específicas asociadas con los enlaces y puedo ubicar con rapidez la información.

magritte le liberateurLa idea de “alfabetizar” es dar una lista de cosas por hacer cuando se presenten determinadas situaciones. Alfabetizar, en el caso de las TIC, insisto, no ayuda a pensar sino a fomentar una dependencia con… un software, un manual, un docente. La idea no es alfabetizar, sino aprender, creo. Y no “alfabetización digital, informacional, tecnológica o etc.” sino aprender a pensar tecnológicamente o a pensar con las TIC.

¿Todos podemos hacer "creación literaria"?

gutenbergUna sensación que tienen nuestros estudiantes y que compartimos los docentes, sin confesarla, es la incomodidad que sentimos muy adentro cuando nos piden realizar una “creación literaria”. ¿Acaso no son creaciones que sólo los poetas, novelistas y similares pueden realizar? ¿Qué puedo hacer yo que merezca ese nombre? Creo que desvanecer esta sensación es la primera tarea que debemos emprender para romper el hielo dentro de nuestros estudiantes y dentro de nosotros.

69224715 c2bbb5cf84 oEse “temor tímido” que tenemos nace de una idea errónea de la cultura: “la cultura la heredamos o la desarrollan las grandes lumbreras de nuestra sociedad”. La cultura la hacemos todos, unos más dedicados que otros. Cuando un chico inventa un apodo o sobrenombre, o fastidia a su amigo, con cariño, haciendo una comparación, está creando cultura, que, si tiene suerte y recoge una manera de sentir general, se convierte en una denominación común. Eso podría haber sucedido con “chato”, “flaco” y similares. Nadie sabe cual invención lingüística se transformará en acervo común, y finalmente, llega a ser expresión de la sociedad. Y eso es la cultura: los modos de hablar, las ideas más frecuentes, la forma que adoptan los objetos utilitarios, etc.

Entonces, regresando a la “creación literaria”, ésta existe cuando se dan dos hechos:

  1. Tengo una experiencia personal que deseo expresar, relacionada con una realidad que comparto con mi grupo o con el mundo, por ejemplo: percibo las fiestas como si tuviera que nadar, como cuando me pierdo en el bosque, o como cuando estoy en medio de un mercado. Esa experiencia personal es única, porque los matices no son iguales en todos, pero es compartible. Para alcanzar ese grado de detalle, necesitamos una riqueza de estímulos a los alumnos, y necesitamos desarrollar sus capacidades de recordar vivencias y de asociar estímulos distintos a esas vivencias.

  2. A esa primera condición se agrega una segunda: necesito expresar esa experiencia a través del lenguaje, de manera que me comprendan (algo, no todo, porque todo es imposible). Y tengo que decirlo de manera que mis expresiones sean “propias de mí”, es decir, que sean originales. Y eso se consigue después de oír y leer otras expresiones sobre el mismo tema, porque las palabras y las oraciones que escojo pueden parecerse o diferenciarse de mis lecturas, pero el resultado final es mi elección. Aquí interviene la idea del estilo: el estilo es la elección lingüística que hago, referida a mis posibilidades y a las lecturas conocidas. Poco a poco voy encontrando mi estilo.

Si unimos estas dos condiciones, que deben darse a través de estrategias distintas pero convergentes, el estudiante se sentirá con la seguridad de elaborar una creación literaria. Y nosotros también, creo yo.

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