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LA TECNOLOGÍA EN LOS CAMBIOS EDUCATIVOS

"La educación no consiste en llenar un cántaro sino en encender un fuego."
William Butler Yeats, POETA, Premio Nobel

En las instituciones educativas en las que está presente la tecnología, se escucha con frecuencia expresiones y experiencias como las que comparten unos compañeros docentes:

•    "No reconozco a mis estudiantes, están concentrados en las máquinas y me hablan de otra manera, saben cosas que no me imaginaba"
•    "Me preocupa, si les doy una tarea, la terminan rápido para seguir buscando o practicando con la computadora"
•    "No puedo ir tan rápido, no manejo tan bien como ellos ese aparatito, ¿y si están haciendo algo que no deberían hacer?"
•    "Entonces, habrá que poner un límite, debemos saber qué aprenden, nuestra tarea es enseñar".

Los estudiantes cambian cuando reciben computadoras, porque encuentran una herramienta que les sirve para muchos propósitos e intereses y en la que encuentran un continuo refuerzo de los mismos. Además, ellos están en el período en el que el cerebro es más receptivo a los estímulos y está en constante búsqueda de actividades para ejercitarse.


Esto muestra con rapidez y facilidad al estudiante como un “nativo digital”, pues se siente cómodo manipulando un aparato que transforma sus ideas en formas visibles y que toma las formas de otros y las moldea a su manera. Con ese ímpetu, el estudiante adquiere un extenso dominio intuitivo de la computadora. No lee manuales, porque su tendencia es aprender por exploración o ensayo-error y no de otra manera. Pero, por otro lado, todavía no posee un criterio claro de responsabilidad o consecuencias: es más importante para él aprender con la computadora que preocuparse por los daños o problemas que pueda acarrear su manejo de la máquina. Está ávido de experiencias de aprendizaje.

La computadora estimula para que el estudiante demuestre sus tendencias con más facilidad y rapidez (y lo hace mejor que otros medios). Le ayuda a moldear muchas de sus habilidades por medio de experiencias continuas. Le proporciona una manera nueva para socializar, a través de la necesidad de compartir procedimientos y hallazgos o de los medios de comunicación que la computadora provee. Es evidente que los estudiantes la prefieran a otros medios.

Por eso decimos que los estudiantes cambian con la computadora (o similares, como los celulares).

tocandoSin embargo, es esencial comprender que el cambio no se debe a la máquina misma sino a que la máquina encauza lo que de otro modo les ha sido difícil expresar (a la mayoría no les gusta la informática, sino lo que hacen con ella). De esa manera, la computadora ayuda al docente. Pero sucede hay docentes que no encuentran la manera para que esa máquina los ayude. Y la primera razón es que piensan que, ante ese cambio, hay que “poner límites”.

“Poner límites” no puede ser una reacción ante el interés y el esfuerzo que ponen los estudiantes en la computadora. ¿Haría lo mismo si ese interés y esfuerzo se realizara sobre los libros? Probablemente no, hasta que los estudiantes empiecen a "saber más que el mismo docente". Puede ser que sienta que se pierde el control cuando se pasan esos límites. Es la idea arraigada de que "el maestro siempre enseña, el estudiante lo sigue". En realidad, si enseñar es aleccionar, lo sigue solo hasta la puerta del aula. Fuera del aula, muchas veces no reconoce a sus estudiantes. Otro docente comentaba "estaba en una tienda, comprando, escuché una voz conocida que hablaba con calor y lógica, defendiendo sus ideas. Era un niño que en la escuela solo decía monosílabos y escribía oraciones cortas. Aquí, con sus amigos, era un orador". Esto es más común de lo que se piensa.

Ese asombro por lo que pueden llegar a hacer los estudiantes es una de las satisfacciones de la carrera docente. Como dice una popular serie televisiva, pueden “llegar a donde ningún hombre ha llegado”. Los estudiantes pueden alcanzar metas que parecen impensables. ¿Qué necesitan para ello?

Necesitan dos aportes: inspiración y reflexión. Y ambas lo involucran totalmente, estimado docente.

La inspiración estimula a los estudiantes a aprender, antes que el control o los límites. Usted es un descubridor de talentos en la medida que observe a sus estudiantes y que, por medio de las actividades que propone, ellos revelen sus capacidades, las que usted, debido a su familiaridad con ellos, va a advertir y comunicar al mismo estudiante. Aquí se agregan las herramientas adecuadas: con la computadora, los estudiantes le mostrarán más rápidamente en qué habilidades destacan.

Es cierto, los estudiantes dominan la computadora. Pero al docente no le toca la tarea de “enseñar a manejar la computadora”. Usted inspira, propone, facilita. Si el estudiante alcanza todas sus capacidades no se deberá a que maneje mejor la computadora, sino a que ha descubierto capacidades que no sabía que tenía o que no sabía cómo emplearlas ni para qué. Ahí está la tarea.

¿Qué debe significar verdaderamente “dominar la tecnología”? ¿saber muchos programas de computadora? No. Yo no lo creo. Más bien creo que es "tener capacidades para aprender nuevas posibilidades tecnológicas". Al estudiante que domine sus capacidades de “aprender a aprender” le irá mejor que al estudiante que “aprenda mil aplicaciones de software”. La capacidad de reflexión sobre lo que se está aprendiendo, o, en términos pedagógicos, la metacognición, es más valiosa que el conocimiento detallado de muchos software.

Usted debe inspirar a sus estudiantes y hacerlos pensar en lo que están haciendo. Es algo que no hacen comúnmente los “pequeños o jóvenes nativos digitales”

En este momento, quizá usted se haya convencido de lo anterior, pero desliza una duda: ¿cómo y con qué lo voy a hacer? Quizá manifieste no tener las herramientas para la tarea.

Usted espera que sus estudiantes vayan más allá de lo que reciben: es nuestra aspiración y tarea como maestros. Pero se puede sentir confundido cuando ellos manejan mejor la computadora, cuando muestran información desconocida para usted, cuando proponen ideas que traen de otros contextos. Esto sucede a menudo ahora con las computadoras, como no sucedía antes de ellas. Y es una situación que va a ser lo común, contra la que no tiene sentido luchar. No puede contener la curiosidad de los estudiantes, ni quitarles sus intereses. Con la computadora ellos pueden aprender solos. La computadora los ayuda a desarrollar su autonomía.

Se podría concluir que si "ellos pueden aprender solos" entonces "no necesitamos docentes", pero esto no es cierto. Los estudiantes no aprenden solos a regular su proceso de aprendizaje ni aprenden las otras capacidades que le dan sentido a la tecnología.

No les resulta fácil comprender y emplear las herramientas mentales para mejorar su capacidad de aprender: les resulta difícil regular su propio proceso de aprendizaje. Necesitan ayuda para ser concientes de lo que quieren aprender, de para qué aprender, de cómo aprender, de cuánto aprender, en especial, los niños y niñas más pequeños.

Es evidente que los estudiantes no tienen suficiente experiencia ni criterios ni capacidades para ADQUIRIR AUTONOMÍA. Como docente, desde la escuela, usted proporciona al estudiante la guía para adquirir sus criterios y experiencias. Ciertamente, no reemplaza sus experiencias, sino que lo ayuda a aprender de sus errores.

Por otro lado, usted necesita conocer la máquina para poder trasmitir sus orientaciones. Necesita conocer las posibilidades de la computadora para poder imaginar actividades. No necesita conocer hasta el último detalle de cada actividad que contiene la computadora, porque una tarea que ayuda a desarrollar la autonomía de sus estudiantes es pedirles que encuentren las muchas maneras de concretar las metas que usted propone. Les debe eso a sus estudiantes: hablar un poco como ellos. Así comprenderá qué tienen y qué falta. Y, para guiarlos, eso es necesario.


Fuente de la foto 1:

AtribuciónSin obras derivadas Algunos derechos reservados por Jonathan Assink

Fuente de la foto 2:

AtribuciónNo comercial Algunos derechos reservados por Boydy Junior

Fuente de las fotos 3 y 4:

AtribuciónNo comercialSin obras derivadas Algunos derechos reservados por Stephen Poff

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