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Austeridad, eficiencia y eficacia

Esto dice la Real Academia de la Lengua sobre el adjetivo que origina a la palabra “austeridad”, que significa “calidad de austero”:

austero, ra.
(Del lat. auste-rus, …).
1. adj. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral.
2. adj. Sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes.
3. adj. Agrio, astringente y áspero al gusto.
4. adj. Retirado, mortificado y penitente.

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La Real Academia no dicta los usos de las palabras, sino que proporciona un término medio entre ellos y la historia. Pero empecemos con ella, para aliviar nuestra angustia. No es lo mismo ser austero que ser ahorrativo, entonces. O ser austero y ser “estricto en el gasto”. La calidad de austero es una cualidad moral, no económica. Podemos entender lo austero como contrario a lo… ¿liberal?, ¿escandaloso? antes que a lo excesivo o a lo superfluo, aunque algunas formas de exceso o de superficialidad estén incluidas en lo que a una persona austera no gusta. Pero, lo más llamativo de esto es que no hay oposición entre “ser austero” y “gastar mucho dinero”, siempre y cuando esto se haga de manera estrictamente moral, sin escándalos, de manera áspera al gusto y expresando penitencia. Y es que la austeridad no es cualidad referida a la economía, repito.

Sin embargo, el uso popular de la palabra es hacerla un sinónimo de “ahorrativo”, “estricto en el gasto”, “económico”, y opuesta a “excesivo”, “despilfarrador”, etc. Claro, es otra vez la transferencia de significado que nos hace fijarnos en los síntomas o las señales antes que en las causas o en los criterios. Nos dicen que hay que ser austeros y lo que entendemos es que hay que cortar los gastos, en especial de todo lo que tenga un efecto inmediato y directo en la función. O, según muchos funcionarios, en todo lo que no sea “esencial” a su leal saber y entender.

A mí me parece que la traslación adecuada de la “austeridad” en el ámbito económico es la dupla “eficiencia-eficacia”, que no depende de la enconada subjetividad de un funcionario, sino que depende de criterios inter-subjetivos y que son objeto de fórmulas matemáticas y toda la gama de metodologías científicas.

¿Por qué digo esto? Porque empiezo a preguntarme ¿para qué se invoca la austeridad? Para obrar según la conciencia y la responsabilidad de cumplir con las prioridades sociales o personales, según sea el caso. Ser austero es ceñirse a las normas morales. Es decir, para conseguir un estado en el que se viva según esas normas. Por ejemplo, en el actual estado de cosas en el Perú, es inmoral que los que disfrutan de algunas comodidades urbanas no actúen para que otros conciudadanos sin ellas las puedan disfrutar. Al intentar proporcionar esa amplición de los beneficios, los primeros posiblemente deban sacrificar algún confort, pero si no lo hacen, estarán obrando en contra de su conciencia. Eso es ser austero en este momento.

Eso implica, aunque no sea evidente, que ahorrar a toda costa es la mejor forma de ser austero. Lo que se necesita es ser eficaz y alcanzar los objetivos propuestos, y se necesita ser eficiente en esa meta, es decir, distribuir los recursos de manera que sólo se orienten para conseguir esos objetivos. Ambos términos pueden llegar a exigir un incremento del gasto en algunas áreas y en otras un decremento. O no.

Entonces, el criterio para determinar la aplicación de la austeridad no es el ahorro sino los resultados de la orientación del gasto. Si el ahorro en un aspecto produce más problemas que tienen costos implícitos no tomados en cuenta, no ahorremos. A la larga, perderemos el tiempo tratando de arreglar esos problemas y causaremos más daño que beneficios.

Imaginen que los CD educativos que se produzcan tengan “portadas” sólo en tonos de gris, y que esto es una exigencia para “ser austeros”. Es una manera de poner en desventaja a dichos CD frente a otros títulos no educativos, que los niños preferirán porque “la portada” es el medio de enganche de un producto, que habla de su calidad y de su contenido. Si extrapolamos esta situación, los maestros no deberían emplear ni la pizarra siquiera porque se puede enseñar oralmente. Pero no sería eficaz (en muchos casos, porque no todos los maestros son expertos en la didáctica oral) ni eficiente (porque la pizarra y otros medios son formas de ahorrar TIEMPO pues se apoyan en otras formas de aprender que el ser humano emplea). Aquí es donde se ve que la austeridad a ultranza y mal entendida no es lo que se quiere, lo que se quiere es ser eficaz y eficiente.

Espero no haber inadecuadamente austero. Si lo fui, escríbanmelo.

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