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Vivir sin internet

El título se refiere a dos situaciones contradictorias: “no se puede vivir sin internet, ahora”, es la primera, y la segunda “es posible vivir sin internet, como siempre”. Cada una, a su vez, tiene sus extremos, por ejemplo: de la primera, “nadie debe vivir sin internet”, y de la segunda, “es mejor vivir sin internet”.
Supongo que existen personas afiliadas a cualquiera de estas posiciones. Ponemos aquí algunas de las razones o argumentos que las apoyan:

Idea 1: “no se puede vivir sin internet, ahora”, lo cual significa que deja de ser vida el no tener internet. Se implica que una persona que desee tener un nivel de vida digno incluye entre sus características la de estar conectado a través de internet. Por lo tanto, algo esencial nos da internet que no nos dan otros medios de comunicación. Lo único que yo imagino como distinto es la fusión de medios que es internet, y que, en cierto sentido, están configurando un nuevo modo de comunicarnos y, por ende, de vivir. Pero eso si elijo no usar internet para informarme o comunicarme, o, simplemente, no me parece bueno tanto dato y tanta comunicación, eso no me convierte en un ser humano inferior, ¿no?

Idea 1a: “nadie debe vivir sin internet”, es decir, es absolutamente esencial al ser humano la incorporación al mundo internet. Quien no lo quiera hacer, está perdiendo el paso de la evolución del hombre y se coloca en el mismo cementerio que los neanderthal o los dodos. ¿Será así? La diferencia entre el homo sapiens y sus antecesores extintos no era la diferencia entre modos de comunicarse, sino, creo su grado de adaptabilidad a su entorno o a los entornos cambiantes. Pero me puede retrucar el fan de internet, justamente internet es el entorno cambiante, es el medio mismo en que la sociedad evoluciona, si uno no se adapta a él, se extinguirá.

Idea 2:”es posible vivir sin internet, como siempre”. Claro que a lo anterior, alguno dirá que no hay que ser tan drástico. En lo esencial, el hombre es un ser pensante, antes que comunicativo, y que, por lo tanto, su pensamiento lo debe conducir a la sabiduría, sea a través de la selección de información, a través de la profundización de comunicaciones verdaderamente relevantes, o en el aislamiento o en el contacto inmersivo con la naturaleza. La sociedad-red, la sociedad llena de cordones umbilicales entre cada unidad -dirá el pensador de esta idea- es sólo un camino posible entre muchos. Quizá mucha gente requiera esa sensación de estar unido con todos los otros, sin espacio para su individualidad, pero otro grupo de gente querrá evitar que internet los atosigue y los sumerja en mensajes.

Idea 2a: “es mejor vivir sin internet”. Y, claro, se puede ir más allá, apuntando con el dedo acusador que internet ha acelerado la decadencia de esta sociedad, decadencia que pudo reconvertirse en otro tipo de sociedad si todo-aquello-que-es-como-internet no hubiera aparecido. Cierto, se aceleran los cambios cuando se comparten con mayor fluidez las ideas. El desasosiego asmático de esta carrera nos está asifixiando en nuestros propios desechos, arguyen quienes ven los peligros de internet. Aislar a nuestros hijos del contacto continuo de internet, minimizar la explosión demográfica de quienes se convierten a mundos virtuales y se convierten en zombies de mundos físicos o presenciales, aumentar las barreras para crear software o, visto de modo positivo, incrementar los requerimientos para que se pueda elaborar uno, son medidas que nacen de esta postura. Mejor hubiera sido no tener el peligro de conseguir música de manera fácil en internet, piensan algunos, pues se están derrumando los esquemas económicos, la idea de propiedad, se diluyen los límites de la familia y de la nación. Esto es un horror. ¿Adónde iremos así?

Entonces, ¿qué pienso? Entre tantos fuegos, entre tantas balas, no queda razón en pie. Todas son válidas, de una manera u otra. No podemos pensar todas juntas. ¿O sí?

Yo creo que sí, que justamente ser humano es vivir en la contradicción, una contradicción sostenida toda la vida. Ser humano es ser ese límite entre el mar y la arena, que existe pero que nunca es el mismo para siempre. Atreverse un día, esconderse otro, hablar entre dientes, sacar la lengua mañana. Siempre hacemos eso, según lo que, en el fondo, queremos. Y queremos vivir, crecer, cambiar o descansar. Queremos vivir, sin internet, claro, y con internet, también.

[Agrego enlaces encontrados para la búsqueda “vivir sin internet”]

Parece que la mayoría se ha dado por vencido… pero…

En fin, que todos tenemos intereses y temores. Es la vida, llena de ruido y música.

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