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Enseñanza y aprendizaje con éxito

Tengo dos preguntas (tengo más pero me las aguanto por hoy):

1. ¿Cómo sé que la clase que di ha tenido éxito?
2. ¿Cómo sé si la clase que di ha sido aprovechada por mis alumnos?

Aunque parecen lo mismo, no es igual. Puedo haber tenido éxito pero mis alumnos sólo han disfrutado de la clase, no han sacado consecuencias de ella, no se han apropiado de la “experiencia” que fue la clase.

Y depende de cómo mido el éxito, claro. Sé que algunos profesores miden el éxito inversamente proporcional al ruido generado en el aula o por la ausencia de “malos comportamientos” o por la velocidad con que se termina el cuestionario propuesto. Es como decir que el éxito de un policía es salir ileso de un tiroteo, aunque se hayan robado el banco. Tal vez lo segundo es el éxito, y tengamos que vivir con unas cuantas magulladores, desórdenes y decepciones. En una escuela donde trabajé, el director me comentaba que en mi clase los alumnos hacían mucho ruido, aunque reconocía que esos mismos alumnos parecían expresarse mejor y tenían opiniones fundamentadas. A mí me causaba un poco de risa la contradicción de lo que decía. Los jóvenes tienen opiniones y piensan, pero son ruidosos, y es porque este mundo lo es y en su edad no suele haber términos medios. Además, el ruido no era ruido, era la discusión en la que todos querían participar. ¿Puede ponerse un orden “adulto” o “normativo” al desarrollo de capacidades en situación? Dice una ley física que el movimiento implica una fuerza y que todo movimiento genera calor. Lo soñado es un motor frío, pero eso no es probable.

Lo que quería atar era la primera pregunta con la segunda. Si mido el éxito como aquello que me satisfaga, entonces, si me es suficiente que el alumno comprenda, el éxito se mide por la cantidad de “rostros sin cejas juntas”. O por la cantidad de aciertos en una prueba de elecciones múltiples. Pero la comprensión de lo que digo no significa ser necesario al alumno. Un libro o un software pueden producirle igual resultado. Si mido el éxito así, estoy abriendo el camino a una mejor producción de materiales educativos interactivos. Es decir, eso que satisface finalmente no me va a satisfacer cuando no sea yo el origen de la comprensión. Como maestro, no soy un “explicador” de conocimientos.

¿Entonces? Es que sólo si relaciono mi éxito con el éxito del alumno, tengo sentido. El éxito de la enseñanza y el del aprendizaje debe medirse en la “implicación de la experiencia”. Mmm. ¿Y eso? Creo que el éxito está en que el alumno finalmente descubra que la experiencia que quiere compartir su maestro es útil para él. Y ha encontrado la manera de aprovecharla.

También es cierto que no en todas las clases o en las etapas de este descubrimiento se produce el “insight” o la iluminación. Hay clases en las que sólo se produce el cansancio, la impaciencia, el recuerdo. Eso será un éxito cuando el alumno las asuma con la confianza de que algo va a ganar luego o como consecuencia de ese paso cansino. Y eso significa que un éxito de la clase es la confianza que ganamos con ellos, el vínculo que se va formando para encontrar esa meta elusiva que son ellos mismos descubriéndose. Cuando se acaba la clase, no debe quedar un sentimiento de “al fin TERMINÓ” sino “y con la próxima, ¿cómo avanzamos?, ¿qué nos espera?”. Es decir, sentir como que siempre queda algo en el aire, el olor de la comida, de las flores o del mar, que no vemos pero que sentimos.

Se parece a cada día, creo. Y eso será porque… la escuela lo educa para la vida siendo parte de ella, de alguna manera. Y ése será el éxito de una clase, haber vivido un día más y haber sacado su tajada del mundo.

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