Los temas del blog

Aprender es evaluar

Pero no todo evaluar es aprender. Ojo. Aprender significa “comprender el mundo y comportarnos de acuerdo con esa comprensión”, es decir, si he aprendido entonces:

  1. Tengo una “representación” de lo que he aprendido, o, en otras palabras, hay “algo” en mí que ha organizado mis experiencias al respecto de una manera distinta al antes de aprender. He cambiado, pues.
  2. Me comporto de manera distinta en las situaciones a las que se refiere mi “aprender”. Ese cambio “interior” del punto anterior es, simultàneamente o como otra cara de lo mismo, una conducta diferente.

Si ambas consideraciones no se dan, entonces, ¿cómo puedo decir que he aprendido?

Ahora, si ha habido un cambio es porque lo que ahora soy como resultado de aprender ha sido juzgado como “mejor” por mí, pues el cuerpo y la mente (si existe esa dualidad, claro) se resisten fanáticamente a los cambios hasta que tengan una buena puntuación o sirvan para algo. Nadie aprende lo que no quiere aprender. Aunque los obliguen. Aunque los torturen, agregaría. Aunque le laven el cerebro. Siempre existe una resistencia, que se muestra en contradicciones permanentes: sueños, insomnio, dolor de cabeza, fobias o manías, etc. Si esto es verdad, si los estudiantes no aprenden es porque no quieren hacerlo. Y si parece que aprender lo que nos gustaría que aprendieran, aprenden a mostrarse como esperamos, pero su conducta en las situaciones que los definen no varía (de eso doy fe, por experiencia dolorosas, como encontrar a mis estudiantes “estrellas” en plena situación decepcionante para mí). Han evaluado que no es “significativo” o “importante” lo que queremos que aprendan.

Además, hemos creado un “juggernaut“, es decir, un monstruo de varias cabezas que nos devora las esperanzas y nos deprime, y se llama “evaluación”. Empieza por establecer una “deadline” (¡qué gráficos los del inglés!: una línea de muerte o algo así), lo que significa que las personas se dividen en “vivas” o “muertas” según estén a un lado u otro de la línea que es definida por los resultados de la evaluación. Es una forma artificiosa pero real de definir a las personas por un “resultado”. Y los estudiantes se crispan con los exámenes, las prácticas calificadas, las pruebas y todo aquello que lleve una puntuación que los ponga a un lado u otro de la valla. Como si el mundo fuera un gran campo de concentración donde existe un camino para salir pero a cada paso hay un revisión y los que no la pasan, regresan o van a algún lugar sospechoso. Quizá exagero, pero mientras es menor la edad, el miedo ocupa más espacio en la conciencia y la impregna. La madurez es, en cierto sentido y en nuestra sociedad o cultura, manejar los miedos para poder hacer algo.

Regreso a mi asunto. Como el mostruo ése vive con nosotros, ni los estudiantes ni los docentes afirmaría que “evaluar” está dentro de aprender. Diremos, a lo más, o aceptaremos con los dientes apretados, que “evaluar es necesario para aprender”. Tal vez podemos enunciarlo en nuestros eventos y congresos. Pero llevarlo a la práctica es demasiado agotador.

¿Por qué? Porque significa dejar de pensar en la evaluación como acción de afuera, y ser concientes que cada paso de aprender es una elección, una elección que nos lleva a algún lugar, a un cambio, a un comportamiento distinto. Y si el cambio no trae las consecuencias que esperaba, significa que he aprendido mal. No llego a hacer lo que suponía que podía, o no llego a experimentar esas situaciones según ciertas señales que me dirían que voy bien. Aprender es acostumbrarnos a “monitorear el camino”, a “conducir de noche con las luces prendidas sin dormirnos”, a “navegar sin perder de vista el mapa y las estrellas”. Claro, lo ideal sería que no tengamos que ser tan enfáticos en el evaluar, sino que sea algo completamente naturales o sea parte de la experiencia, pero eso se logra con mucha práctica y buena voluntad. Sin embargo, eso consiguen nuestros estudiantes cuando se dedican con alma y corazón a un deporte, cuando se dedican a ser fans, cuando se obsesionan por coleccionar. No es que no lo hagan, es que la escuela no es un lugar para eso, ¿no?

¿Y qué sucede cuando los profesores van a ser evaluados? ¿Pasa lo mismo? Estamos atrapados en la cueva del juggernaut. Y no encontramos la salida. ¿O es que no queremos encontrar la salida?

Eres bienvenido a compartir...

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>