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Peleas para hacer materiales educativos con TIC

Nadie se desespera por hacerlos, no digo eso. Y uso “peleas” en un sentido forzado desde la idea de “conflicto”. Y conflicto en su sentido menos físico, claro. Para empezar, el léxico por auspicio de la Real Academia de la Lengua:

conflicto.
(Del lat. conflictus).
1. m. Combate, lucha, pelea. U. t. en sent. fig.
2. m. Enfrentamiento armado.
3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
4. m. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
5. m. Psicol. Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
6. m. desus. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

En el conflicto coexisten o convergen “tendencias contradictorias”, lo que implica un aumento de la fricción, porque cada quien quiere jalar para su lado. Y cada quien tiene su lado: “conflicto de competencia o jurisdicción”. Sucede así cuando empezamos un proyecto para crear “materiales educativos con TIC”. Algunos colegas dirán, para empezar, que usemos mejor la frase “recursos educativos informáticos” y otros más audaces nos conminan o nos impelen a usar “software educativo”. Y todo como si fuera la más enconada lucha por un premio que existe.Y es más un caso insustancial de perspectiva: pelearse por un nombre, cuando la cosa tiene varios, según el punto de vista. Y es que De Saussure tenía razón: “el punto de vista crea el objeto”, cada quien desde su ventana ve un objeto distinto.

El que tenga tendencias informáticas ve las cualidades de software en eso que va a hacer: que tenga este menú, que tenga estas tantas pantallas, que utilice videos o sonidos, que se usen formularios, etc. Para él, lo más importante de un “material educativo” es que sea un campo de “clics” y una experiencia de navegación particularmente interesante y coherente.

El que sea radicalmente educador y didacta querrá que las actividades que se realice con ese material ayuden al estudiante a comprender el tema, que se parezcan a lo que hace en el aula, que tenga ayuda a cada paso, que lo evalúe en cada secuencia, que le permita al docente recoger los resultados de lo realizado. Para el que tenga núcleo educador (¿educational core?, mmm), lo más importante del “software educativo” es que sea una experiencia de aprendizaje y un campo donde cada estudiante pase de lo conocido a lo desconocido o de lo intrigante a lo luminoso o de… bueno, hay tantas “maneras de aprender”.

Cuando ambos se juntan para un trabajo de equipo, suele haber incomprensiones, suele surgir un conflicto, que va más allá de la intraducibilidad de las perspectivas. Cuando uno dice “navegación”, el otro dice “secuencia didáctica”, cuando uno dice “inserta un video”, el otro dice “observa una situación”, cuando uno dice “casos de uso”, el otro dice “situación de aprendizaje”. Y no se refieren a porciones de la realidad diferentes, son códigos de manipulación de la realidad, son “competencias jurisdiccionales”. Pero, en fin, esto se resuelve con un mapa de correspondencias. El problema real es cuando se expresan las finalidades o los propósitos del material a elaborar.

Sucede muchas veces que el docente emplea términos del otro para expresar sus intenciones, puede decir algo como “aquí creo que falta más color”, “hay pocas pantallas”, “¿no puedes poner algo para llenar pero con eso para escoger?”. Claro que exagero, pero no le dice: “quisiera resaltar lo intenso de la situación”, “creo que el estudiante necesita más tiempo y más pasos para llegar a entender la actividad”, “es conveniente que el estudiante incluya información pero hay que facilitarle su introducción”. Otra situación sucede cuando el informático desdeña el lenguaje docente como “poco preciso”. Por ejemplo, pregunta “¿cuántas pantallas necesita para la actividad?” y el docente responde que depende de la edad del estudiante, de su manejo de la computadora y su conocimiento de la situación que se propone. No le da un número y eso quizá le desespera. Más bien tendría que abandonar la idea algorítmica y proponerse una heurística: el docente le da criterios, él tiene que traducirlos en posibilidades de navegación, por ejemplo, rutas para cada edad, una especie de test tipo juego antes de empezar.

Yo creo que siempre en todo equipo de producción o elaboración de “material educativo con TIC” o “software educativo” se requiere de un híbrido intérprete, es decir, una persona que sea el comunicador entre ambos mundos. Una persona que aprecia ambos tipos de experiencia, y que ha resuelto en sí mismo sus contradicciones. Es como la mezcla de un artesano con un “hierofante“. En fin, alguien que sea juez y parte. No necesariamente un nativo digital, incluso mejor no. Más bien un mestizo digital. Su presencia ayuda a ponerle aceite a la fricción posible, y a hacer posible que dos mundos convivan en un mismo objeto, como las pirámides, que son triángulos y cuadrados, al mismo tiempo, y no se hacen problemas.

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