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No basta alfabetizar

Sucede que la información y el conocimiento son realidades distintas (aunque compartan la misma casa). Sucede que me pregunto sobre la “sociedad de la información” y la “sociedad del conocimiento”. Sobre la “alfabetización informacional” y “la formación integral”. Es la vieja pelea de los extremos, donde, en el fondo, queremos llegar a lo mismo, pero seguimos caminos distintos… y queremos llevar al otro por el más largo para él.

Empiezo por una situación que tiene moraleja historicista. Me contó una profesora sobre una joven de la selva, de una comunidad rural del Perú, que fue a trabajar en su casa, en la ciudad capital, en Lima. Nunca había estado en ciudad alguna. Y no se acostumbraba a la agitación, la algarabía y el barullo de la urbe. La profesora se preocupaba por la joven. Hasta que la joven le dijo: ¿dónde hay por aquí una cabina de internet? Y allí sí se sentía a sus anchas, conversando y conociendo. La joven no duró más de un mes en la ciudad y sólo estaba tranquila comunicándose por internet, porque con ella mantenía contacto con su medio. En vez de desvirtuar su realidad social y cultural, internet la ayudaba a sobrevivir en una realidad que no le gustaba (más allá de si era mejor o no, lo cual no interesa porque no hay absolutos al respecto). “No se sentía bien con la modernidad”, diría alguno, otro diría: “bueno, regresó a sus atavismos”, o bien “aún no evolucionó lo suficiente”. Y a ellos les dará pena la joven. Otros dirán: “queríamos separarla de su cultura ancestral”, “la estábamos forzando a entrar en el mundo caótico post-industrial”, “estamos pervirtiendo la inocencia original de un pueblo auténtico”. El famoso debate entre ilustrados y románticos, entre modernos y tradicionales, entre cualquiera que quiera el cambio permanente frente a quien desee el fresco status quo. En fin, reduccionismos, creo yo.

El asunto no era tan antinómico ni tan intelectual para ella. Era un asunto de “sentirse a gusto” o “de llegar a acostumbrarse” o si quería “hacer el gasto emocional de acomodarse”, es decir, una contabilidad personal de pros y contras. Y eso pasa con las culturas y las sociedades. No es un asunto de principios o de axiomas o de filosofías o ideologías, sino de conveniencias y estabilidad emocional y ganancias y pérdidas. Y ella resolvía el asunto tan bien… usaba la tecnología para seguir disfrutando su realidad. Es lo que llamo “aprovechamiento de la tecnología”, no era una usuaria inconsciente e ingenua como nos imaginamos al campesino o al niño o al adolescente. Antes bien, son usuarios que buscan lo que les conviene. Y por ello sí pueden estar expuestos al engaño, porque es fácil disfrazar como útil lo que no lo es (esto es materia de otro post, si no, no terminaré éste). Pero, la moraleja historicista es ésta: “no hay evolución social igual”, cada sociedad, aunque parte de similares condiciones, podrá saltarse fases que otras sociedades creen indispensables.

Ajá. Como que no es necesario aprender lo que contiene la máquina para manejarla con cierta soltura. O que no es necesario dominar la escritura para comprender lo que es una computadora. No digo que para construirla olvidemos la escritura, eso no creo que sea tan fácil (una sociedad sin escritura puede construir un reactor nuclear, es posible pero es difiícil de imaginar para un ciudadano de una cultura escrita). Simplemente, no es necesario ser un experto o un usuario experto para aprovechar cultural y personalmente los aparatos de la nueva tecnología basada en TIC. Justamente por el desarrollo de la interfaz visual y manual para controlar los aparatos (¿han visto las interfaces de las naves espaciales de las series de ciencia-ficción?: interfaces de colores, de luces, de movimientos, de formas, casi sin letras).

Tecnologia inca, mmm

¿Y qué tiene que ver esto con la oposición entre “sociedad de la información” y “sociedad del conocimiento”? ¿Por qué he titulado este post con “no basta alfabetizar”? Respondo a lo segundo, primero. Es de Perogrullo que no baste alfabetizar, nunca es suficiente. Pero la idea de que hay que alfabetizar a las personas para que sean ciudadanos del mundo digital es errónea. La alfabetización es equivalente a la lectura de un manual, es llenarse de información a través de la comprensión y manejo de códigos. Incluso si hablamos de una alfabetización contextualizada, que respete la cultura local. El asunto es la base de la “sociedad de la información”: una sociedad que se compone de personas que saben manejar información. Lo importante de esta sociedad de la información es adquirir las destrezas para procesar datos, organizar información, usarla según los requerimientos del contexto. Por ello, es insuficiente. Es una sociedad que hace eficiente el status quo. No es una sociedad preparada para el cambio, como la joven a la que me refería. Porque para adaptar la tecnología primero debo ser conciente de mis valores y ponerlos en juego en los diferentes contextos, exponerlos al contacto con otros valores y elegir de manera conciente. Es decir, darle “sentido a la información en un contexto de valores y de visión de mundo”, es decir, prepararse para una sociedad del conocimiento. No basta alfabetizar, hay que formarse. Eso significa comprender la tecnología como una actividad social, en la que los aparatos pueden ser usados según mis necesidades: las máquinas se crean para satisfacer mis necesidades y si no existe la máquina que las satisface, no debo comprar cualquier otra para aparentar que soy moderno.

Esto es importante para nuestra realidad social actual, para nuestros estudiantes, para la cultura que hemos formado. La “sociedad de la información” no es una meta suficiente para un desarrollo social, porque no implica la conciencia de sus capacidades y actividades. Por otro lado, buscar el “conocimiento” como base de la cohesión y mejoras sociales nos ayuda a ir más allá, la meta de ser individuos plenos en un mundo de millones de millones de individuos que deben vivir juntos.

Comunicacion

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