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ADIÓS AL CONCEPTO DE “USO” DE TIC (Y EN LA COMUNICACIÓN TAMBIÉN)

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OLVIDEMOS LA PALABRA “USO”

Cada vez que escucho o leo sobre el “uso” de las TIC, me enfermo. Las TIC no se usan, más bien tenemos experiencias con ellas; no son un útil o una herramienta sin más, son una mediación. Incluso no creo que “usemos” un auto o un horno eléctrico, siempre existe alguna subjetividad asociada cuando los incluimos en nuestras experiencias. La idea de que un ser humano “use” partes del mundo es bastante “maquinista” o convierte el mundo en un intenso campo de acciones y reacciones entre cosas. Supongo que “usar” es convertir un objeto (sea ser vivo o no) en el medio para realizar un objetivo, y solo eso. “Uso” no incluye lo que se siente o se percibe, por lo que no es un acto humano, es decir, una máquina también podría usar a un ser humano, por ejemplo, como trasmisor de información. Mientras más aparezca la palabra “uso” en nuestra experiencia diaria, más nos olvidamos de lo humano de ser y estar en este mundo. Abandonemos el “uso” y cada momento no será funcional sino vital. En lo siguiente quiero pensar sobre el tema y ahondar en ello.

SOBRE LA CONCEPCIÓN DE “USO”

CHAOS OF CREATIVITYLa palabra “uso” tiene dos grandes acepciones. La primera, que ya hemos abandonado, pero que recuerdan nuestros padres o abuelos, es la que se observa en la expresión “usos y costumbres”, es decir, es equivalente a “hábitos” o actividades que son habituales, cotidianas. No tiene rastro de la acepción que ha ganado, la otra, que vincula el “uso” a la utilidad. En esta última, no se dice “la conversación pausada es un uso en la comunidad” sino “la conversación pausada se usa en la comunidad”. Aquí se advierte que “la conversación pausada” pasa a convertirse en un objeto, deja de ser una experiencia.

Por ello, el trasfondo conceptual de la palabra “uso” me parece confuso o desorientador. Hablar de “usar” es creer que podemos reducir la realidad a funciones. Y reducirla a ellas significa que nunca podremos entender lo que no funciona (perdón por el juego de palabras), es decir, aquello que cambia según el contexto en que interacciona, o, en otras palabras, un organismo (que se adapta).

Ciertamente, aquí no hablo de funciones matemáticas, sino de la idea de utilidad. Un objeto es útil porque realiza una tarea (función) del mismo modo en todos los contextos en que aparece. Pero eso no puede aplicarse a los objetos que pueden hacer tareas múltiples y adaptativas, como sucede con los seres vivos y, posiblemente, con los entornos virtuales. Más adelante explico esto. Ahora sigo con la idea de “uso”.

ALGUNAS REFLEXIONES AL RESPECTO

Solo se puede usar lo que es externo al agente, a la persona o ser vivo que usa algo. Los organismos no funcionan, viven (me refiero a los seres vivos). Decir que un X funciona es decir que ese X es una cosa (no un organismo) y que fue hecho para ejecutar una acción determinada. Por lo tanto, decir que uso una computadora o un celular es decir que hago una serie de acciones determinadas. Sin embargo, ésa no es la experiencia de quien manipula esos aparatos. El aparato es una forma de hacer, no un objeto que manipulo. Si esto último fuera cierto, cada vez que usamos aparatos estaríamos concentrados en el aparato, pero solo nos damos cuenta del mismo cuando interfiere en lo que se hace, en la experiencia.

knowledge managementEn este sentido digo que el ser humano no usa las cosas. Otra forma de acercarme a esta idea es pensar en “las cosas” que son usadas. Digamos un martillo, que sostengo en mi mano. Pero no puedo definir el martillo en sí, sino en relación a los contextos en que interviene y su relación con otros objetos. Quien crea o modifica martillos lo hace así: ubica un conjunto de contextos en los que el objeto está activo y según la configuración de esas situaciones diseña la forma del martillo. También se implica en esas situaciones un perfil de persona que requiere ese particular diseño. Y el diseño termina siendo una mezcla de elementos efectivos en las situaciones y elementos que permitan a ese perfil de personas involucrarse con ese objeto. Luego, tampoco podemos decir que un martillo sea un martillo para todos, al menos no todos los martillos son comprendidos o aceptados por todas las personas.

Decir “usar X” es una forma de reducir todo lo antes mencionado y remitirnos solo a un aspecto limitado de las situaciones, dado que nuestra sociedad no puede producir objetos que se adecúen a cada persona y a sus distintas situaciones. Tenemos que resignarnos al uso, porque no podemos crear o diseñar objetos específicos acoplados a las situaciones y los perfiles. Aunque vamos en camino de hacerlo. No necesitamos llegar a los “replicadores”. Tenemos impresoras 3D, que nos permiten crear objetos diversos: comida, o una serie de objetos que no pensábamos posible. Cuando cada quien pueda fabricar objetos únicos para que esa persona realice sus actividades, ya no podremos decir que “usa X” porque X no existe como un solo objeto. Solo podremos hablar de las situaciones similares, no de los objetos que participan en ella, ya que serán distintos.
Es que hablar de “uso” es olvidar que nuestra vida es una continua mediación y suponer que dos personas que cocinan con un horno, emplean el mismo horno, porque “usan el horno”. No, el horno para cada una tiene un sentido distinto. Aquí tiene más sentido decir que “hornear es un uso de distintas personas” y no “distintas personas usan el horno”.
Me dirán que el horno-1 y el horno-2 hacen lo mismo y ambas personas lo compraron por eso, porque cumplían la misma función y que en esa funcionalidad se basa todo nuestro intercambio comercial. Sin embargo, la idea de “nicho” o la proliferación de objetos que aparentemente cumplen la misma función pero varían en “características” o “accesorios” (miremos la línea Galaxy de Samsung) intenta secuestrar comercialmente la diferencia entre función y experiencia, es decir, al diversificar sus aparatos no solo por la utlidad sino por otros atributos, se reconoce que no solo se “usa” sino que las personas no tienen más remedio que escoger entre los aparatos que más respondan a sus necesidades de experiencia.

Así, en la medida que creamos aparatos que responden a las experiencias individuales, estamos haciendo tangible la verdad de nuestra vida: cada uno es un mundo, cuyas intersecciones ocasionales o necesarias con otros mundos son eso que llamamos la realidad física y solo el acuerdo entre nuestros mundos permite estabilizar o modificar esa realidad física en la que nos intersecamos (una idea inspirada por Goodman, “Maneras de hacer mundos”). Y, en la medida que haya cambios en ellas que no provengan de la interacción, debemos sospechar que existe otro mundo que influye y del que no sabemos o del que debemos saber más (como se sospechaba que existía Neptuno por las interferencias en las órbitas de Urano, Saturno y Júpiter).

“Usar” es un verbo fatal, reduce todo el universo a una sumatoria de cosas y no sirve para explicar cómo interactúan los organismos, ni cómo se dan las experiencias.

CON RESPECTO A LA COMUNICACIÓN

Nevermore

Hay dos ideas comunes en la comunicación que están vinculadas al “uso”:

A. Uso el lenguaje para comunicarme

B. La comunicación es un intercambio intencional de información entre dos personas.

No sé qué significa la primera. Pareciera que el lenguaje no es una experiencia de la persona sino un dispositivo, algo que ha sido creado por alguien y que puede ser reparado sino funciona. El lenguaje no es un objeto sino una capacidad que se activa en situaciones de interacción, la capacidad de establecer un entendimiento compartido, de darse cuenta que hay una acción conjunta que puede hacerse, o que no llega a hacerse o no puede hacerse.

Con respecto a la segunda, pareciera que la comunicación es usar información. AsLa información es una cosa, un objeto, algo que ya viene dado no sé cómo, y que la persona posee. Sin embargo, la información es un resultado, un constructo, o, una construcción que relaciona una serie de señales con algún procedimiento para decidir sobre su significado, como enuncia Shannon (1948), dado que define el mensaje como la “frecuencia de aparición de una señal”, lo que no debe entenderse como una referencia a un objeto o evento sino la interpretación de una interacción, una situación.

A esto también está asociada la palabra “contenido” cuando hablamos de la comunicación. Imaginamos, al escucharla, que la comunicación consiste en la entrega de un paquete sellado y que resulta exitosa cuando abrimos el paquete y encontramos, oh maravilla, el contenido. Es decir, que la comunicación consiste en las operaciones de envolver y desenvolver el paquete. Falso. La comunicación es existosa cuando existe un resultado compartido, que no suele ser comprender el mensaje sino la realización de una tarea conjunta. Pero a esta confusión contribuye mucho la idea de uso.

CON RESPECTO A LOS ENTORNOS VIRTUALES

La cuestión se pone difícil cuando se habla de las tecnologías de información y comunicación (TIC). En ellas, es moneda común decir “uso las TIC”. Las TIC no se usan, en mi opinión, sino que se experimentan, dado que son una práctica social (ver la presentación de abajo donde explico algo de esto).

Las TIC se experimentan como “entornos virtuales” y ellos no se usan, se actúa en ellos. Aquí empiezo una diferencia conceptual con la habitual dicotomía “software / hardware”, pues un entorno virtual no se divide o se analiza en esos términos, sino que está compuesto de INTERFAZ + DISPOSITIVO + CONEXIÓN. En la primera pareja de “software / hardware” se parte de los componentes del dispositivo que se usa, en la definición de entorno virtual parto de la situación de mediación, donde la interfaz se construye con los elementos tangibles y simbólicos que permiten configurar el dispositivo para que ejecute acciones o tareas que tienen efecto en la situación. Entonces, lo que hacen las TIC es construir una experiencia mediada simbólica e interactivamente para desarrollar interacciones. El procesamiento de la información y de la comunicación que son su operación básica se realiza al crear la mediación que permite procesar niveles cada vez más complejos de información y comunicación, desde los datos hasta lo que podemos llamar conocimiento o experiencia.

CONCLUSIÓN

La idea de “uso” no ayuda a comprender las TIC, y por ende la comunicación, como una experiencia humana que se da como una interacción mediada entre personas. Más bien reduce las TIC a los dispositivos y desdibuja su carácter de actividad. Con respecto a la comunicación, ha “cosificado” la definición misma, que ha perdido sus aspectos esenciales de interacción y experiencia. Si bien estos aspectos se enuncian en las exposiciones sobre comunicación (en especial, las didácticas), al final se presenta el modelo de comunicación como un modelo de intercambio, tomando la perspectiva ingenieril de la definición de Shannon (1948) y no su fundamento matemático y conceptual.

Es peligroso continuar con este concepto, porque nos conduce a enfocar la vida como una serie de instrumentalizaciones. Para recuperar el sentido de la experiencia humana, olvidemos de usar el mundo y hablemos de otro modo. Por ejemplo, en vez de “uso las TIC”, expresemos “realizamos experiencias en los entornos virtuales”; en vez de “uso el lenguaje”, digamos “conversemos”. Sigamos conversando en este entorno virtual.

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