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COMPRENDER LA TRASCENDENCIA DE LAS TIC

FEZ_20140328193218Para el usuario, las TIC son las computadoras y los smartphone; para el vendedor, son la magia de la comodidad que cada año tiene que volver a comprarse; para el tecnólogo (el hacedor de tecnología), son los diseños y experiencias que debe concretar en un protocolo, un software y un aparato, despues de innumerables reuniones de trabajo y pruebas detalladas; para un estudioso (filósofo, antropólogo, sociólogo, etc.), son las ideas que tenemos y las metáforas que usamos y sentimos. ¿Cuál es la verdad entonces, quién de ellos o de otros define qué son las TIC? Creo que ninguno, sino todos, hay algo en común que no es fácil ver.

De Saussure tenía razón: “el punto de vista crea el objeto”, por ello, ante los múltiples puntos de vista, el objeto no es mono-dimensional. En el caso del lenguaje, De Saussure tuvo que plantear dos planos: la lengua y el habla. En el caso de las TIC, también el asunto se complica con cada punto de vista, pero también porque las TIC nacen bajo un enfoque, que podemos llamar “Sociedad de la información”, al que en estos tiempos se agrega otro, el de la “sociedades del conocimiento” (UNESCO, 2005). El primero destaca la operatividad de las TIC respecto de la información y alcanzan a plantearla como competencias, concediendo que existen variables sociales y culturales. El segundo parte de considerar las TIC dentro de las prácticas sociales, en el sentido de Reckwitz (2002), para el que no basta suponer que las TIC son competencias, dado que han generado un “entorno”. Pero no me adelanto. En esta ruta de las sociedades del conocimiento, es que reflexiono a continuación.

Creo que podemos empezar con la diferencia esencial entre las TIC y las otras tecnologías: ¿qué las hace distintas? Rammert (2001) propone que la tecnología está anclada en la preocupación humana por mejorar incesantemente los procesos, es decir, es la actividad dedicada a mejorar cómo se realizan las actividades. No quiero decir que es instrumental, para no rebajar la definición, pero podría decirse que es la trascendencia de lo instrumental (sobre Rammert, he escrito en este enlace). Dentro de esta definición, las TIC se pueden definir fácilmente como aquella actividad que se dedica a mejorar los procesos de información y comunicación. Y antes me quedaba en ello. Pero sucede algo extraño con las TIC: han encontrado una veta de la condición humana que las ha llevado al centro de esta sociedad “actual”. Siendo tan centrales, resulta complicado operar una reducción y desentrañar y quedarnos solamente con lo específico. ¿Qué oscuro misterio antiguo han despertado las TIC, qué mito lovecrafiano ha avisorado, de tal modo que muchos apartan la mirada y no quieren creer que existe? ¿qué espanto y qué adicción genera? Creo que es una vertiente del pensamiento que lleva a una manía: el pensamiento infinito, en un bucle de engendrar ecos tangibles de sí mismo, es casi un narcisismo del pensamiento. Para decirlo de otro modo, las TIC proponen al pensamiento fuera del cerebro o como un espejo donde el cerebro puede contemplarse en acción, de tal forma que se mejora a sí mismo, se modifica, se corrige, repite sus logros, emulsiona sus fantasías directamente. Es la tecnología del pensamiento, que es la madre de todas las tecnologías (Small, 2009; Carrasco et al., 2013). Y, en la medida que el ser humano ha nacido como el ser que piensa, y el pensamiento vivía dentro de él, al colocarse fuera, ha renacido, ha replanteado la naturaleza humana.

@mellina87 "Cielo e Acqua" Escher a PalazzoMagnani, ReggioEmilia

Lo que es información y lo que es comunicación empezaron siendo objeto de las TIC desde un enfoque basto, directo, simplificado: información como dato organizado, comunicación como intercambio de información. En la medida que los enfoques asumieron las complejidades humanas, es decir, fueron incorporando paso a paso las distintas dimensiones o niveles de información y comunicación, ya no se podía eludir que las TIC se convirtieran en la piedra Rossetta del pensamiento humano. ¿Cómo así? La información se asumía, al principio, desde Shannon, “la frecuencia de aparición de una señal”. Luego, es el conjunto de señales que son interpretadas de modos distintos al ser aplicados distintos algoritmos (por ejemplo, esto se observa al iniciar la “www”, con la noción de hipertexto). Este flujo de señales se decodificaba como imágenes, texto, audios, etc. Luego, el conjunto de información planteado como señales decodificadas de cierto modo se interpretaba según otros algoritmos o procedimientos en formatos, contenidos, interacciones, actividades, perfiles, es decir, se había creado paso a paso un “espacio de representación” a partir de la aplicación de varias capas de procedimientos de intepretación de señales (como se plante en un CMS, por ejemplo). En otras palabras, se había convertido todo en información, pero no como un conjunto de señales sino como una gama de distintos tipos de procedimientos, de operaciones sobre señales.

Esto significa que, en el fondo, nuestra cultura y sociedad son proyecciones entre distintas capas de señales. Son las operaciones de transformación entre señales las que construyen nuestro universo de significados (Steiner, en “Después de Babel”, proclama que la cultura es un ejercicio de traducción; Geertz, que la cultura navega bajo una “descripción densa”). En la medida que estas operaciones se pueden empaquetar para ser utilizadas por cualquiera a través de aparatos constituidos por hardware, software y redes entre ellos, se está externalizando y objetivizando de la manera más tangible lo que era prerrogativa de la interioridad del pensamiento humano. Esto se plantea a través de dos términos que parecen sinónimos pero parten de perspectivas distintas, por lo que son divergentes y complementarios, y que designan lo esencial de esas operaciones:

  • Digitalizar es la operación básica desde el punto de vista de lo que hace la máquina, el nombre común, convertir todo en operaciones sobre unos y ceros, es la simplificación máxima, que es, por otro lado, la menos redituable para el ser humano directamente y la que no se ve.
  • Virtualizar / Modelizar es lo mismo, pero visto desde el usuario, es decir, operar sobre señales que son significativas para el humano y caracterizar en términos de esas operaciones el mundo que ve ese humano. Y controlarlo, desde esa virtualización / modelización.

Magritte, La Condition Humaine

Todo ello trae como consecuencia algo más profundo: el emparejamiento de las relaciones causales con las relaciones de significado o, para un entendimiento posmoderno, la disolución de su diferencia. Antes de las TIC podíamos distinguir entre lo que era efectivo, perceptible, y lo que era ficticio o imaginado. Distinguíamos entre mover un tronco y contar que habíamos movido un tronco o soñar ese hecho. Ahora, cuando opero sobre una pantalla (u otra interfaz) para mover un tronco, puedo estar moviéndolo o proponiendo que sea movido en algún momento, de tal manera que es comprobable que ya no esté donde estaba. O, más allá, que en determinada interfaz “mover troncos” sea simbolizado por “picar globos” y que consiga, por medio de un videojuego, “picar globos” en gran cantidad con mi avatar y suceda que los troncos se muevan, es decir, que juegue mi trabajo.

Ciertamente, esto sucedía antes. Cuando los nazis, según Benjamin, usaban la palabra “democracia”, no significaban “libre elección racional” sino el acceso al control del Estado. El lenguaje se creó para esto, es decir, manejar sucesos a través de representaciones. En estos tiempos estamos llevando esto más lejos, tan lejos que se genera otra realidad, eso que llamamos “entornos virtuales” (la articulación de hardware, software-interfaz y redes para crear un espacio de actuación coherente y verosímil). Por otro lado, el lenguaje es también una proyección entre sistemas de señales (percepciones, comportamientos, sonidos, etc.) y supone una serie de operaciones de interpretación, en muchos casos algoritmos que, según la escuela de Chomsky, son universales. Ahora, estamos trasladando estas operaciones y algoritmos a las máquinas, que, así como pasó en nosotros al ir activándolos, supondría que se genere algún tipo de organización autónoma, una versión de la conciencia. Estamos recurriendo a nuestra propia evolución proyectándola en nuestras máquinas. Del conjunto de nuestro cuerpo, la conciencia (la mente o el “fantasma en la máquina”) es solo un componente, componente que esta volviéndose autónomo al desarrollar máquinas que la emulen. Es cierto que tenemos robots que caminan y hacen cosas como nuestro cuerpo hace, pero lo hacen como una especialización operativa que nuestra mente requiere para ejecutar una actividad en un determinado contexto. Es posible que en algún momento integremos todos esos desarrollos robóticos en una sola máquina, que, evidentemente, llamaríamos “androide”. Nunca la llamaremos “humano”, porque es radicalmente distinto: no es un organismo que se adapta, sino el resultado de la recreación de un organismo para adaptarse. Tenemos tantas peliculas sobre el tema, tantos cuentos y novelas, empezando por el Quijote y su relación con Sancho Panza, que empezó como su antítesis y terminó como su alter ego. Solo si llegamos a proyectar esta novela en este contexto androidico, llamaremos “humano” al “androide” que nos acompaña en nuestra historia.

En todo esto, estoy suponiendo que es posible reducir la conciencia específicamente humana a operaciones de varias capas de complejidad creciente, por lo tanto, estoy definiendo la conciencia como una serie de operaciones de transformación de señales. Y estoy definiendo al cuerpo como un armazón estructurado para realizar tareas que diseña la conciencia o que están implícitas en su propio existir (como respirar). Es decir, probablemente estoy cayendo en eso que llaman “petición de principio” porque digo que las TIC nos conducen por un camino necesariamente, porque, en el fondo, nos concebimos como máquinas. Creo que el asunto va por otro lado. En la medida que intentemos controlar o modificar nuestro entorno, hemos llegado a generar dos niveles de percepción: la percepción de la resistencia de lo que deseamos controlar o modificar y la percepción de lo que proyectamos como estado ideal. Esta segunda percepción es una alteración de la percepción que reutiliza los recuerdos, capacidad que compartimos con otros animales y plantas (el crecimiento de anillos de corteza en los troncos es una marca que influye en el desarrollo presente y futuro de la planta). El ser humano ha logrado articular dos estados que pueden ser contradictorios entre sí, al mantener también dos tipos de acciones simultáneamente: las que buscan conservar el equilibrio inmediato y las que buscan alterarlo para un nuevo equilibrio, pues vamos alternando entre ellas. Como planteó Chesterton, somos un animal contradictorio, pues podemos mantener emociones opuestas sin decidirnos completamente por alguna. Esta capacidad de proyectarnos ha ido afinando sus instrumentos al obtener resultados claros en el control y modificación del entorno, a tal punto que hemos recreado el nuestro como ciudades. ¿Por qué hemos creado ciudades sino como una forma de preservar nuestra vida, por medio de un entorno graduado a nuestras necesidades o a lo que “imaginamos” que son nuestras necesidades? Podemos ahora modificar nuestras necesidades, es decir, desaprender y volver a aprender, crear, derogar y recrear imaginarios que nos gobiernen de otro modo para alcanzar otras metas. Es decir, nos hemos creado no solo entornos físicos distintos, sino entornos mentales que modificamos, con dificultad, a través de prácticas sociales (en la línea de Reckowitz y Tuomela). El lenguaje nos sirve para ello.

Pero parece que no es suficiente para el ser humano. El ser humano tiene una necesidad de palpar, de entrar en contacto con todo. De percibir todo. Pero nunca ha podido percibir lo que piensa. Se ha dedicado con fervor y centurias a la escritura y la lectura, que lo ha llevado a la máxima concentración y a “vivir mentalmente” de modo intenso. ¿No es eso la poesía? creo yo. Percibe de manera intensa pero derivada lo que escribe y lee. No los toca. Eso sucede ahora, con las TIC: toca lo que piensa, o quiere llegar a hacerlo. Es una forma de estar en contacto consigo mismo, de concretar lo que llama “yo”, lo que lo define. Entonces, usa las TIC para proyectarlo. Siempre estamos en Altamira, parece. Pero ahora las paredes interactúan conmigo, con nosotros, responden, sin poder prever lo que van a responder. Se vuelven reales, perceptibles.

Volvemos al principio. ¿Cuál es la experiencia que define las TIC? ¿desde qué punto de vista? Todos son válidos, porque todos buscan lo mismo, sean como usuarios o como creadores o como analizadores. La experiencia de un entorno que no solo se adapte a cada uno, sino que nos permita percibir lo que somos a través de lo que hacemos. El usuario hace lo que quiere, el creador hace lo que desea, el estudioso hace ideas: las TIC proporcionan una sombra sólida con la que podemos moldear el mundo y ver cómo lo vamos moldeando. Es la percepción y construcción dinámica del pensamiento, la conciencia operante, interactiva -en términos que hacen sonreír a muchos y dudar a otros- O, para concluir, las TIC son la mediación simbólica interactiva convertida en práctica social transversal y común hoy en día.

Juan Lapeyre

 

Fotos de…

Foto 1: athiefsend el 27 de junio, 2014

Foto 2: @mellina87 “Cielo e Acqua” Escher a PalazzoMagnani, ReggioEmiliaTurismo Emilia Romagna

Foto 3: Magritte, La Condition HumaineSharon Mollerus

Foto 4: The blank signature – Rene Magritte

 

Citados…

  • Rammert, Werner; “La tecnología, sus formas y las diferencias de los medios. Hacia una teoria social pragmática de la tecnificación”, en Scripta Nova, Enero 15, 2001, nº 80
  • García Carrasco, J. & Juanes Méndez, J. A. (2013). EL CEREBRO Y LAS TIC. Teoría de la Educación. Educación y Cultura en la Sociedad de la Información, 14(2) 42-84. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=201028055003
  • Small, G. W., & Vorgan, G. (2003). El Cerebro digital: co?mo las nuevas tecnologi?as esta?n cambiando nuestra mente. Argentina: Espan?a [etc.]?: Urano.
  • UNESCO, (2005), “hacia las sociedades del conocimiento”
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