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GLOBALIZACIÓN, SUPERVIVENCIA, EDUCACIÓN Y TECNOLOGÍA

[Quizá la extrapolación sea riesgosa, o quizá no podamos hablar de “darwinismo” aplicado al desarrollo de las ideas, pero, al menos espero, que la reflexión permita discutir aspectos de la globalización en relación con la educación. Ahí vamos.]

Para que sobreviva una especie requiere de un grado de adaptación difundido por toda ella en un porcentaje importante. Este grado de adaptación depende de dos factores: la variabilidad de las respuestas a situaciones de supervivencia y la velocidad de dichas respuestas. En términos gruesos, hay dos tipos de estrategias de supervivencia en el espectro del reino animal: la estrategia biológica y la estrategia psico-social. La primera está fundamentada en la maleabilidad del acervo genético de una especie y en su relativa fecundidad y homogeneidad al ser trasmitido. La segunda estrategia depende de la formación de “instrumentos” externos a las características básicas de la especie. Es decir, la capacidad de aprendizaje (y creatividad) del ser humano y, por otro lado, la capacidad de comunicar “abstracciones” o esquemas de situaciones posibles. Este panorama nos pone en camino para plantear el lugar de la educación en la historia humana: un lugar central y cotidiano. La insuficiencia de los medios educativos (de cualquier tipo), sea por su anquilosamiento o por su escasa difusión, produce una disminución de la capacidad de respuesta de la sociedad y, por ende, un decrecimiento de la capacidad de creación de condiciones posibles de desarrollo social, una disminución de la inventiva de soluciones sociales, el rigor mortis de la decadencia .

La variedad, la pluralidad de las posibilidades, por un lado, y la rapidez de difusión y puesta a prueba de propuestas sociales son un camino para una evolución positiva de la sociedad. Creo que, en este sentido debe orientarse cualquier perspectiva de globalizar la sociedad. Antes que el anquilosamiento o la estandarización o uniformización de la sociedad, se debe buscar hasta en los últimos resquicios del mundo la circulación de las diferencias, pero una circulación que permita “experimentarlas” y, probablemente, elegir algunas. Ahí empieza el ciclo de nuevo.

Entonces, proporcionar una educación completa e integral a cualquier parte del mundo, sea hasta en su última astilla, es un factor para la supervivencia de la especie. ¿Por qué? Porque la supervivencia está siendo entendida aquí no sólo como continuidad sino como adaptabilidad a los cambios. La educación, entendida como exploración (conciente y responsable) de las potencialidades de los individuos de la especie, permite que la especie humana adquiera nuevas características según se desarrolle en el mundo y el mundo cambie.

Variedad de posibilidades y Velocidad de difusión: éste es un planteamiento más “concientizado” de la globalización y de la supervivencia de la especie.

Es inútil una globalización sin una “porosidad” de fronteras. Aunque las exigencias de los sistemas económicos y la ciclicidad propia de un modelo alternadamente propicien y desalienten la formación de sistemas nacionales con sus respectivas membranas, se impone más bien la circulación fluida de la información y la concomitante confianza entre los interlocutores como un requisito de permanencia y desarrollo. Confiar en el otro es el fundamento de toda comunicación, en la medida que la comunicación es el eje de la actividad en común, de la construcción de un entorno común. Sin confianza sólo hay castigos y culpas, premios y penalidades, una ética heterónima, que proviene de la AUTORIDAD (ENCARNADA en órganos o personas) como eje de la sociedad y como condición de cohesión social. La confianza se gana en el tiempo en común, en las tareas comunes, en la “larga duración” de los individuos y las organizaciones o instituciones.

Recordemos una situación de la Teoría de los juegos: “el dilema del prisionero”: ambos prisioneros obtienen el máximo posible si confían en el otro, si desconfían, pueden ganar y destruir al otro tanto como a sí mismos. Ya hemos dejado atrás la guerra nuclear, pero la restricción de la información y la tecnología sólo nos conduce a otro estallido, no por menos audible menos dramático: la extinción de la creatividad humana.

Una cultura que tenga los medios de propiciar la variedad de posibilidades sin aminorar la velocidad de difusión es una cultura que se extenderá irredemediablemente: esto ya sucedió con la escritura (un modo comunicativo que condiciona las formas de la cultura en que aparece ) y ocurre con la tecnología de la comunicación.

Pero hay un péndulo: la escritura dio alas a las ideas, pero congeló la vivencia de la conversación. Encerró una situación en unos dibujos que esquematizaban la existencia, que telegrafiaban el diálogo, que, en cierto sentido, estandarizó la comprensión al encaminarla por el camino de la invarianza (de las ocurrencias del discurso), de la necesidad de la coherencia lógica del texto (uniformidad espacial que desleía la posibilidad de sucesivas contradicciones dentro de una misma situación, que la enriquecían).

El péndulo regresa: la cultura oral, arrinconada en las zonas rurales, está dotando a las sociedades elites con una serie de valores que estas últimas habían perdido en su intento de la suma racionalización de la realidad (en cierto sentido, esto significaba refugiarse en el éxito de la manipulación de la realidad, como una compensación por la pérdida de la estabilidad emocional). La misma sociedad tecnológica ha ido más allá de la producción en serie: la producción en serie de productos personalizados. Esto es un resultado hegeliano, el sistema engendra su contrario: los medios de producción han creado la posibilidad de cada individuo fabrique su propio contexto, el máximo self made man. Las condiciones de vida han producido una tendencia creciente a la individualización, a la particularización, tanto de individuos como de grupos sociales (comunidades, pueblos, naciones, etc.) Esta fecunda diversidad es un reto: la comunicación se torna difícil cuando existe tal multitud de culturas, a pesar de idiomas comunes. Y esto se debe a la verdad de la cultura misma: la cultura es la solución humana a la vida en situación (geográfica, temporal, zoológica y demás), la cultura es una suma de experiencias, no un depósito, no un acervo, no un museo.

La similitud entre la cultura oral y la cultura de la comunicación tecnológica es tan grande en la medida que la computadora, el medio principalmente difundido de esta nueva cultura, puede proporcionar tres niveles de comunicación: la trasmisión, la simulación de situaciones (compatir la situación) y la emulación de las personas (la computadora se presenta como emisor o representa una persona). No proporciona una comunicación diferida y escasamente interactiva (como el libro), sino un acercamiento a la situación. Por ello, en un grado “sensacional” más intenso, una computadora proporciona una vivencia comunicativa en un grado que un libro no puede igualar. Y hemos aprendido que, para la mayoría de la población mundial, la vivencia crea una impronta de aprendizaje más profunda que el hallazgo de un concepto. “Una imagen vale por mil palabras”, o, en moderna paráfrasis, un “chateo” vale por mil consejos.

Pero esto no es todo. Si la computadora fuese sólo un medio meteórico en la superficie de la vida cotidiana, no empujaría a los individuos más allá de ella. Es el medio en que los conceptos se “realizan”. La cultura de lo escrito nos ha acostumbrado a la idea de que los conceptos son inscripciones en las cosas, son marcos para mirar el mundo, para recibirlo y acomodarlo en la cavidad tibia del cráneo. Los conceptos, conceptualizados de este modo, son momias.

Definamos el concepto de otro modo, de un modo más realista y activo:

el concepto es el resultado claro y distinto de un proceso de abstracción, en el que se consigue utilizar o generar una serie de categorías o dimensiones básicas que, al ser combinadas y aplicadas a los objetos, los describen (en cierto sentido, los “crean” ) para su manipulación, control o predicción de sus cambios. El concepto es un resultado que es un proceso, es decir, es una herramienta y no una calca.

Finalmente, recaemos en la anterior definición (más deseada que descriptiva) de Globalización: riqueza de opciones y velocidad de difusión. Para ello, nuestra cultura -la cultura humana- camina por la comunicación, pero no para reducirla al intercambio -espero- sino para constituirla integración, traducción de experiencias, trabajo común. En este sentido, esta idea de globalización implica un cambio en el concepto mismo de comunicación: gestión común de experiencias. Y como cambia el sentido de comunicación, también el sentido de la educación: aprender es empezar a vivir plenamente con los demás, es decir, compartir experiencias para entender a dónde queremos llegar y cómo queremos vivir (la finalidad del proceso educativo entonces no es alcanzar un nivel de competencias, sino buscar nuestras competencias requeridas para alcanzar un nivel de vida, una forma de vida, desde mi contexto) .
Etc., etc (por cierto).

(c) Juan José Lapeyre Corzo, 2004

NOTAS

(i) Extender el ser biológico de manera natural: ¿no es la capacidad de representar y construir una habilidad natural?, lo raro es que representar y construir nos lleven a crear un entorno que destruya el nido y lo reeemplace, eso no hacen los castores ni las hormigas, su “construccionismo” no emplea el NO como principio adosado de construcción, supongo, como supongo que tampoco extrapolan (gracioso imaginar una hormiga diciendo “me gusta el nido del chorlito, hagamos uno parecido…”

(ii) De nuevo, en este sentido, la sociogenética, al plantear el concepto de “larga duración” como una guía del desarrollo social de la especie (culturo-biológico, entonces) plantea una solución o un camino, por oposición al proyectar bajo el concepto del “largo plazo”. Durar frente a Aplazar, es una especie de disyuntiva (en cierto plano y desde cierta óptica, en otra óptica son complementarios).

(iii) La comunicación tiene ciertas dimensiones básicas: la co-presencia o no de emisor y receptor, la materialidad del mensaje, el grado de fisicalidad del contexto, etc. Cada variación sobre estas dimensiones forma un modo comunicativo, que por simplicidad pueden ser tres: oral, escrito, digital. El adoptar alguno como medio de interacción privilegiado en los diversos contextos de actividad social caracteriza

(iv) Esto no es denostar el libro, sino caracterizar su diferencia. Una cualidad del libro, de la que carece la comunicación oral o la digital, es la dilatación del tiempo, la creación de contextos imaginarios que enriquecen la realidad, aunque sin un control fáctico de esa imaginación nos conducen a Madame Bovary o al Quijote (en tanto fracaso).

(v) Y, en el sentido más cierto, un punto de vista crea el objeto (lo dijo de Saussure, y antes Hegel) en tanto que “objeto” no es REALIDAD REAL (el todo, el recorrido, la historia, el universo). En ese sentido, preciso, la verdad como resultado no llega a ser la verdad del que sobrevive, sino la verdad de la experiencia total. Cada mundo (cada humano, cada forma de ser) propone la verdad de sus objetos, pero sólo el conjunto de las interacciones de los mundos propone la existencia de los mundos: así, verdad y cosa no son siameses peleados sino simplemente lo complejo, lo que no puede ser dicho por uno (solo).

(vi) “Gestión” no sólo debería significar manejo sino prospección, horizonte, “plazos” como viviencias -no como simples metas cuantificadas-

(vii) Mi ser escéptico me dice: sueñas. Mi ser-estar articula: sniff. Mi ser dialéctico dice: espera la respuesta.

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