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Tecnología y una definición útil para la educación

Queremos plantear de manera específica cómo podría la educación peruana aprovechar lo que se llama tecnología, y proponer una definición útil para la educación. Para ello, observemos que los componentes del curriculum vinculan los conocimientos, en tanto logro y requerimiento social, con las necesidades de la formación de las personas, en tanto competencias, capacidades, habilidades y destrezas. Lo cual significa que no puede tomarse cualquier definición de tecnología, sino una que permita una educación “humanista, con enfoque socio-cultural, cognitivo y afectivo”[1], es decir, una que considere la tecnología como una actividad social y que involucra a las personas en una relación integral con el mundo.

Desde este punto de vista, las innumerables definiciones de tecnología, que parten desde perspectivas históricas (o de historia de la ciencia[2]), sociológicas, económicas, etc. Deben restringirse a la consideración de la tecnología como actividad social, aunque, y es importante recalcarlo, las características de la tecnología que dichas definiciones aportan serán integradas indudablemente.

La dificultad de ello radica en que la tecnología no es sólo un conjunto de artefactos, cuya apropiación se reduce a su manejo efectivo. La dificultad y el reto es que la tecnología es una actividad social compleja, cuya integración en la educación implica, primero, la comprensión de su realidad, en sus posibilidades y limitaciones –en la visión de mundo que supone, también- y, segundo, la transformación o adaptación de sus exigencias básicas en características deseables o necesarias del perfil del futuro ciudadano. Todo lo cual significa que la integración de la tecnología influye y alcanza a todos los componentes del sistema educativo, desde el currículo hasta la gestión.

Para la comprensión de la complejidad de la definición de la tecnología, partamos de la diferencia entre técnica y tecnología, que se da desde el momento de su propia diferencia lingüística. La técnica proviene del griego techné, que significa fabricación o elaboración o manera de hacer algo, y está vinculado con poiesis. La palabra tecnología es una construcción posterior, calcada de la forma en que se nombran ciencias como la arqueología, la teología, la psicología, etc. En este sentido, la tecnología es “la ciencia de la técnica”, lo cual significa aplicar a la técnica, que es el cómo hacer, los criterios científicos, provenientes del siglo XIX. La episteme relativa a este fenómeno es descrita por Michel Foucalt, en “Las palabras y las cosas”: reducir o transformar el fenómeno u objeto de estudio a términos calculables, medibles y ajustables dentro de una explicación mecanicista o causalista. Según Foucalt, este proceso, que va desde el Renacimiento hasta el siglo XIX, implica la desaparición de la subjetividad como ingrediente del conocimiento. Y según Alain Touraine, en “Crítica a la modernidad”, implica la transformación de la razón, en la que va triunfar una razón instrumental. Todo este andamiaje conceptual nos sirve para argúir sobre una definición de tecnología que nos permita reconciliar las necesidades de la educación con la objetividad inherente a una “ciencia de los procedimientos”.

Una aproximación que nos ayuda en esta tarea la encontramos en el exhaustivo artículo de Werner Rammert, “La tecnología, sus formas y las diferencias de los medios”, en la que se aborda la tecnología como una práctica social, y del que recogemos las siguientes ideas que nos servirán como rasgos orientadores.

Un primer acercamiento nos recalca que se va a tomar una perspectiva relacional para definir la tecnología, lo cual nos impulsa hacia una definición que apoye el “aprovechamiento educativo de la tecnología”:

¿Qué clase de relación constituye la tecnología? En las corrientes principales de la filosofía de la tecnología, usualmente se acentúa la relación instrumental entre medios y fines. (…) Pero la contigencia y la complejidad de la tecnología moderna ya no permite sostener estas suposiciones. Esta es la razón por la cual algunas corrientes de la filosofía de la tecnología se reconstruyen de otra manera, y el motivo por el cual prefieren una perspectiva de proceso de la tecnología y dan más espacio al hecho de que las tecnologías son continuamente construidas y tiene siempre que ser representadas en constelaciones concretas”[3]

Aquí tenemos, primero, la eliminación de la idea simplista de “tecnología-herramienta”, segundo, el carácter complejo de la tecnología que nos impide reducirla a un efecto sino más bien elevarla a la categoría de “actividad social compleja” y, tercero, la necesidad de tratarla y definirla como un proceso y no como un resultado, lo cual elimina la también simplista ecuación de “tecnología igual máquinas o maquinaria”.

Después de una consideración de diversas opciones de definición, relaciona la esencia de la tecnología con una noción husserliana: Technisierung, …

“(…) traduzco este término como “tecnificación”. La tecnificación está relacionada con la estrecha experiencia producida por la abstracción de otros significados, movimientos simplificantes hacia los métodos en lugar de profundas elaboraciones de sentido, y el seguimiento de reglas vacías en lugar de una comprensión completa.”[4]

“Tecnificación significa mayor confiabilidad, mayor acoplamiento de los elementos, menor dependencia del contexto, y más eficiencia en el control. Las técnicas que atañen a relaciones tecnificadas son la simplificación y especificación de relaciones causales complejas mediante la separación, la purificación y la esquematización de elementos, la fijación de relaciones por repetición en el tiempo o la incorporación en materia, el cierre o la concreción de un sistema por encapsulamiento y la elaboración de “cajas negras” o black boxing”

Para simplificar, sin temor de perder lo importante, diremos que la tecnología como actividad social, se basa en el concepto de “optimización” y que dicha optimización utiliza los conocimientos que la ciencia moderna desarrolla. “Optimizar” significa “hacer mejor un proceso”, es una actividad plenamente procedimental, pues no se ocupa del porqué, ni del para qué, ni del qué, sino del cómo. “Hacerlo mejor” significa que, previamente, se han fijado los parámetros o las metas, es decir, ya se ha establecido lo que significa “mejor”. El comercio, la industria, la vida económica, han integrado la tecnología en su realidad, y han fijado el significado de “mejor” como “aquello que hace más fácil un proceso”, lo que implica que pueden vender mejor los componentes que permiten esa mejoría, lo mejor depende de la noción de “lucro”. En el gobierno, que está en camino de integrar la tecnología en su realidad, “mejor” significa aquello que acelera los procesos de administración y toma de decisiones, así como la posibilidad de distribuir de manera equitativa el poder sobre las acciones y bienes del estado, por ejemplo, la “transparencia de los procesos”. “Mejor”, en el plano gubernamental, depende de la noción de “gobernabilidad”.

En la educación, “mejor” significa, a nuestro entender, una formación que incremente todas las capacidades naturales de los futuros ciudadanos, en especial, aquellas que lo beneficien como individuo y beneficien a la sociedad. Eso significa, según nuestras orientaciones generales educativas, mejorar los procesos de aprendizaje, buscando la significatividad del proceso, la autonomía del aprendiz y la construcción social del conocimiento. Es decir, un aprendizaje relacionado con la vida y deseos de cada individuo, un aprendizaje que se convierta en un proceso inherente y permanente en el individuo, un aprendizaje que se fortalezca en el grupo (familiar, local, regional, etc.) y que permita al grupo convertirse en una organización inteligente y que aprende.

Si esto es así, la idea de “optimización” se traslada al plano educativo como un “aprovechamiento” del entorno en función de los tres puntos orientadores citados arriba. En la noción de “aprovechamiento” el eje se encuentra en la decisión y análisis del agente educativo respecto de aquello que necesita para crecer, y, en función de ello, realiza los procedimientos de “optimización” adecuados. La tecnología, que es una actividad básicamente in-humana (porque su esencia son los procedimientos) se integra en la educación a través de un concepto básicamente humano, el “provecho”, que es un concepto finalista, con el que los procedimientos adquieren sentido.

Finalmente, decir que la integración de las tecnologías se realiza significa decir que en cada nivel y agente educativo el concepto de “aprovechamiento” es parte de su conciencia formadora, es decir, que son los fines y actores de la educación los que dan sentido a la tecnología que se emplee, aplique o requiera, una tecnología para la formación de las capacidades de un individuo y ciudadano pleno.


[1] DISEÑO CURRICULAR BÁSICO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA, p. 9

[2] Como las de carácter internalista, como Koyré, o de carácter externalista, como Needham, según

[3] Rammert, Werner; “La tecnología, sus formas y las diferencias de los medios. Hacia una teoria social pragmática de la tecnificación”, en Scripta Nova, Enero 15, 2001, nº 80

[4] Idem.,

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