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Cultura digital o paredes inventadas

Amor
Tomado de las
fotos de: teconleche.

Algunas paredes son para detener lo que sea. Mejor dicho, las paredes nacieron para eso. Ahora no todos lo entendemos así. Miremos la pared colorada donde la gente ha puesto inscripciones. La pared sigue siendo Pared-1, pero ahora es ” medio de expresión”, digamos, Pared-2. ¿Qué es lo que aprende un niño que ve una pared así? Que las paredes son Pared-2, son un espacio para poner lo que tengo en la cabeza (o, si miran bien y se acercan, lo que el corazón decide). El mundo no es, para el que empieza a recorrerlo, un mundo de útiles, sino un mundo de significados (y, por supuesto, esto que pongo no es nada nuevo). Y sólo a través de captar los objetos como cultura, llegar a descubrir que son útiles. Y lo descubre cuando se decepciona o se empieza a encontrar límites. ¿Cómo? Por ejemplo, cuando quiere “usarlo” como lo entiende y otros (probablemente los que han optado por el útil del objeto) lo objetan, lo censuran, lo despistan. Le quitan de la mano el spray y borran su pinta. Creo que eso es ir contra el sentido de la historia. Y abandonar la experiencia humana. La utilidad es un valor cultural, como la expresividad. Y ambos van en tándem.

Ahora, apliquemos lo anterior a la cultura digital. Nace alrededor de la necesidad de comunicarse con efectividad (rápido y furioso, “fast and furious”) en un contexto académico. Y todo el contexto cultural académico, sus valores de libertad y creatividad, competitividad y cambio, son trasladados allí. Eso es lo que significa ser “hacker”, en principio. Esa necesidad esencial de comunicarse es invariable hasta hoy, y mientras otros grupos culturales se adueñan de los espacios de internet, más valores se agregan, como constelaciones o capas de “tangibles”. Tanto es así, que es fácil distinguir a qué se dedica cada página web con sólo ver su coloración, o su disposición de componentes o el uso del espacio visual. Casi como saber a qué se dedica una persona viendo cómo se viste o cómo habla. Hemos llegado a un nivel de apropiación de la red en el que “el medio es el mensaje” de manera fácil. Y esto es un criterio para medir el mismo nivel de apropiación: si lo que diseñas no expresa, ¿quién eres?

Ok, esto huele bien, pero, ¿a qué va? Pues sucede lo mismo que en el caso de la pared: hay gente que quiere reducir el objeto a su uso, a su función. Generalmente, despojando de sus detalles “accesorios” a las páginas web, desalojando a los matices de un diseño, encasillando las relaciones entre personas a un intercambio de información. Reduciendo a su mínima expresión lo individual. Esto no es igual al minimalismo, claro, que es una opción estética. La necesidad de límites en las conductas para una comunicación exitosa no es equivalente a reducir todas las comunicaciones a sólo lo autorizado. La censura en la red, así como la censura en el aula de clase, no es una cadena en el cuello sino una auto-limitación.

Explico esto. Cada grupo social tiene sus formas de comunicarse y sus situaciones de comunicación típicas, digamos, y cuando alguien se sale de ellas, el mismo grupo evalúa en función de las consecuencias, es decir, puede ser una conducta negativa o creativa. Un grupo social sano crece, prueba, elimina conductas porque son “demasiado caóticas”, no porque tiene una idea de cómo deben ser las cosas, no porque postula un “status quo”. En la escuela, existe un cierto “status quo” al que debemos atender, que son las normas mínimas de convivencia y comunicación, pero la censura no debe ejercerse a causa de ellas, sino porque cierta conducta trae consecuencias desagradables o perturbadoras. Con más razón en la escuela debe aprenderse a establecer normas de convivencia.

Esto se ve terriblemente claro en la navegación por internet, ¿no? Tenemos filtros de contenido, tenemos normas estrictas de lo que deben ver. Pero cuando vean lo que no queremos que vean, no estaremos allí para decir NO y ni siquiera para decir ¿por qué no? Entonces, en el momento más crítico, allí deben tener criterios, normas interiorizadas y autosostenidas por sus experiencias, que sólo se adquieren en el juego social, cuando se exponen y contrastan los valores. Es lo que podríamos llamar “razonamiento ético”. Esos criterios no son fáciles de formar. Nunca. Y nacen del conflicto, muchas veces. De la interacción de mi yo individual con otros yo. Pero eso es señal de sanidad, de vigor. Con autorización de los padres, se deben crear situaciones en las que los niños se enfrenten a esas realidades. Creo que debería hacerse por dos docentes al mismo tiempo. Es una manera de acostumbrarlos a oír distintas opciones y ver cómo los adultos llegan a acuerdos.

Finalmente, tal vez con una distinta consideración de lo que son las paredes, podemos verlas de varios modos. Y entender que la web no deben ser paredes inventadas para encerrarnos, sino para expresarnos en ellas en los límites que hemos marcado al construirlas. Que la pared nos una, sanamente, pues.

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