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No importa el ganador

No, no voy a hablar de las “competencias limpias” y de la idea “lo importante es competir, no ganar”, lo cual me parece deseable aunque poco realista. Desde que tengo uso de razón política, que no sucede automáticamente al llegar a la mayoría de edad, veo que cualquiera que gane una elección se convierte en un ausente, en un reflejo, en una “entelequia”. Creo que la relación entre la mayoría de las personas y sus representantes NO EXISTE. Me parece que estamos siendo llevados a un camino en el que no quedan más que dos elecciones: o confiamos en la comunidad (no en el gobierno) o nos destrozamos en el absoluto aislamiento del “sólo importo yo”. No podemos confiar en nuestros antiguos imaginarios: los gringos civilizados, los orientales trabajadores y honestos, los criollos de fácil palabra, el cholo recto y callado, el militar sacrificado. Cada uno de estos imaginarios va siendo derruido por obra de sus encarnaciones reales. El ideal proyectado en ese OTRO que nos va a salvar mágicamente, cual una aparición “deus ex-machina”, ese ideal que nos protege de hacer las cosas por nosotros mismos se está destruyendo desde el inicio de la República y cada vez más rápido. Hemos confiado en que UNA persona nos salve como nación, cuando sólo como NACIÓN en conjunto nos podemos salvar. Pero eso significa dejar de pensar en “representación” y actuar en forma colectiva, comunicativa, compartida, desde cada grupo, desde cada persona.

Esto no es fácil. Es casi imposible hacerlo porque lo deseemos. Pero si vemos la historia de los fracasos y desilusiones, parece que estamos siendo empujados a eso. Cuando no encontremos a NINGUNA persona o personaje que nos salve, sólo quedamos nosotros mismos. Entonces, o me vuelvo hacia el otro y le propongo hacer algo en conjunto, o cada quien se hunde en su pena.

Este blog habla de educación. Por ello, la situación política actual debe leerse en perspectiva, como un camino de alternativas, y debemos aprender de la historia. Como cuando no volvemos a confiar en la persona que nos prometió pagar una deuda y huyó. Como cuando cruzamos la autopista sin subir por el puente peatonal y somos atropellados (y no lo volvemos a hacer, ¿no?). Es verdad que cuando la educación es solamente un conjunto de datos, no nos sirve para evitar los errores. La educación debe servirnos para ser mejores ciudadanos, y eso significa escoger un camino EN CONJUNTO, no seguir el camino que nos indican.

Finalmente, sea quien sea elegido, realmente, no importa, porque no es lo que ese personaje haga (o el grupo dominante, la clase política, la élite gobernante, o como queramos llamar a esa lámina de colores) lo que lleve al cambio de las personas. Es la sensación de que no queda otro camino, es la certidumbre que sólo nosotros mismos EN CONJUNTO hacemos nuestra vida. Y la vida es lo que sentimos hacer día a día, no una noticia en el periódico (aunque en algo la noticia y yo nos parezcamos).

No cito a tantos que pensaron y descubrieron que la historia nos educa y nos da forma e identidad. No cito tampoco a los que fueron idealistas y dijeron que nuestra voluntad es la que da forma a nuestra vida. Creo que comprobaremos esto pasado mañana, cuando no hayan cambiado las cosas, y tengamos que hacerlo nosotros mismos, al fin.

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