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LO QUE REQUIERE LA POESÍA

En una entrevista, Wislawa Szymborska (poeta polaca y nobel también), en la que habla con realismo y humor de su trabajo, aborda uno de los requerimientos para escribir poesía (amén de otros, pero éste me interesa, por afinidad -y conveniencia profesional, mmm):

"Hoy veo muy clara la diferencia entre la forma de hacer literatura y la forma de hacer arte. La escritura requiere soledad, aislamiento, trabajo y cansancio. He visto pintores trabajando mientras hablaban, riéndose, rodeados de gente, y eso es imposible para un escritor. Necesito tiempo y que nadie me moleste. Mis collages son un juego, para que la gente los disfrute. Son mi forma de descansar. Me canso mucho escribiendo."

Siento una armonía especial con su poesía (lo que incluye a su vida, claro). La ironía sutil, la observación de lo cotidiano, la búsqueda de la simplicidad sin perder de vista lo complejo (más bien porque aborda lo complejo), son características que me emocionan y aprendo (o espero aprender). Por ejemplo, aunque parezca irreverente, o quizá por ello, me fascina este poema (lo que está más allá de toda traducción y sin embargo vive en el lenguaje es, quizá, una forma contradictoria, realista y funcional de definir lo que es poesía), poema que se llama "Opinión sobre la pornografía":

POEMA: Opinión sobre la pornografía

No hay mayor lujuria que el pensar.
Se propaga este escarceo como la mala hierba
en el surco preparado para las margaritas.

No hay nada sagrado para aquellos que piensan.
Es insolente llamar a las cosas por su nombre,
los viciosos análisis, las síntesis lascivas,
la persecución salvaje y perversa de un hecho desnudo,
el manoseo obsceno de delicados temas,
los roces al expresar opiniones; música celestial en sus oídos.

A plena luz del día o al amparo de la noche
unen en parejas, triángulos y círculos.
Aquí cualquiera puede ser el sexo y la edad de los que juegan.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo corrompe al amigo.
Degeneradas hijas pervierten a su padre.
Un hermano chulea a su hermana menor.

Otros son los frutos que desean
del prohibido árbol del conocimiento,
y no las rosadas nalgas de las revistas ilustradas,
pornografía esa tan ingenua en el fondo.
Les divierten libros que no están ilustrados.
Sólo son más amenos por frases especiales
marcadas con la uña o con un lápiz.


Del libro: "Gente en el puente" 1986 (Versión de Abel A. Murcia)

Sin haber leído antes este poema, escribí algo llamado "Pensar es un placer perverso". Adivinarán mi emoción al leer este poema, donde tan divertida, clara e irónicamente (disculpen los adverbios, pero es el mejor tipo de palabra para detectar experiencias: los modos del verbo) se describe la dimensión vital del que piensa ("no hay mayor lujuria que el pensar"), lo que no se percibe a simple vista. Ciertamente, pensar es, por ello, parte esencial de la poesía, un requerimiento sine qua non. Pensar del modo en que Szymborska lo exhibe, así de impúdico. Esta impudicia, tan secreta (y, por lo tanto, también contradictoria), este exhibicionismo paradójico es otra necesidad de la poesía: no es solo exponer las vísceras sino provocar la experiencia de ver eso (que debe llevar a alguna sensación, alguna reacción física) mientras lo que se ve es algo totalmente distinto.

Milwaukee (WIS) Downtown, 100 East Building

En ese sentido, Nietszche escribió, en "Más allá del bien y del mal", "los poetas no se averguenzan de sus vivencias, las explotan". Imaginen esto: el oro o cualquier otro metal debe ser manipulado hasta el hartazgo para que sea útil, para que sea parte de lo humano. Cambiemos oro o metal por "vivencias". Da temor, da vergüenza, produce espasmos, porque no se sabe cómo, no se quiere hacer o porque para qué remover y remover lo que ya pasó. Esto no puede pasar en el proceso de la poesía. Y no solo con las vivencias propias, también con las ajenas, en lo que se puede adivinar o despertar de ellas, lo cual crea otra paradoja en la poesía: estar tan cerca de uno y de los otros y, sin embargo, no vincularse hasta el extremo de impedir procesar de modos distintos las experiencias, lo cual puede significar crear lo que no sucedió, proyectar lo que pudo suceder, inventar, "mentir". Esto es lo que se puede llamar el egoísmo implícito del poeta. Yo lo llamaría su conciencia esquizoide o bien su necesidad de aislamiento. En algunos, esto se logra por el humor o la ironía, en otros, al crear una imagen pública o un alter ego, en muchos, a través de un lenguaje críptico, indescifrable. Explotar las vivencias, amigo Friedrich, lleva por un sendero lleno de sombras y luces desbordantes que pueden trastocar la conciencia, pero, hay que seguirlo.

De regreso a tierra, digo que, por ello, los poemas donde no hay pensar, los que solo exhiben autopsias y los que dicen directamente no llevan poesía. Casi me resisto a llamarlos poemas. Las confesiones, las reflexiones didácticas, los testimonios, no son poesía (por eso, muchos "poemas" míos pasan a destierro, cuando los vuelvo a leer). La sinceridad en los poemas no es porque informa con noticias demostrables, sino porque la experiencia produce sus efectos como tal, incluso a través de la tergiversación de los hechos.

Ahora, ¿cuál es el valor de la poesía? Ésa es otra pregunta. ¿Para qué hacerla, seguir con ella? o ¿la podemos abandonar?, ¿podemos despojarnos de su incómoda presencia?, ¿tiene sentido en un mundo así? Quizá podamos reemplazarla por terapias sicológicas. Hay una tendencia propia del ser humano, que parte de la distinción de poseer una conciencia: la proyección de sí mismo dentro de su propia conciencia. Esta proyección está atada irremediablemente al conjunto de sus recuerdos, en planos sensoriales, emocionales, sentimentales, etc., que, además, se proyectan desde atrás y desde adelante (pasado y expectativas). Y no podemos traducir todo esto a recuadros clarificados, como ventanitas de colores bien pintados. No es posible sistematizarlo, hay que aceptar su caos inherente, su permanente incertidumbre. No siempre se puede vivir en la incertidumbre, pero ésta es una de las condiciones de la poesía: la indeterminación, la extraña indeterminación que nos postula y nos identifica con todo lo que somos. (Y, me parece, éste es el valor de la poesía: la voz de lo incognoscible que habita en nosotros).

Paradox in a Bag

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