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Creación y azar ante el ser humano

soy yo

El azar ha empezado a escribir desde siempre y nosotros somos un resultado: es una molesta idea recurrente de los que abandonamos el paraíso crédulo del Génesis. Si bien nos consuela en algo la teoría de la evolución y su mecanismo la selección natural (recargada, claro), siempre nos seduce la nostalgia de un dolor y nos queda la sospecha de que no existe posibilidad de orden alguno. La sinuosa búsqueda cuántica de más subpartículas y teorías de cuerdas (para muchos, una demostración de la locura de los científicos, para mí, de su poética), nos vuelve a llevar a un mundo donde no existe un orden bibliotecario, tranquilo, mudo, codificado y rastreable.

¿Somos una convergencia azarosa? El asunto intriga por todos lados. He citado la biblioteca porque es un lugar donde existe en orden un universo con sentido(s). En sus anaqueles, en un recorrido que nos quita la respiración de tanto sosiego, hallamos a cada paso unidades de significado, que llamamos libros. Las unidades de significado de nuestra cultura. El minimo común divisor de nuestros conocimientos. Estiremos la mano en cualquiera de las repisas de las bibliotecas que frecuentemos (o que imaginemos o recordamos): hallaremos en sopor entintado el reposo de ideas que al menor roce de nuestros ojos empezarán su danza o saltarán a mordernos. Es el lugar con mayor concentración de sentidos que podamos elucubrar. Y es donde su paz proverbial recuerda al cementerio: donde los cuerpos yacen y las almas empiezan un camino.

 

El azar de la vida y el orden de la biblioteca. Borges imaginó que al intercambiar de lugares, la vida como una biblioteca sería una biblioteca con sentidos perdidos. Y deslizó la esperanza imposible de encontrar sentido en el azar. Millones de monos escribiendo no podrán revivir a Shakespeare, a menos que dispongan del infinito, retruca un teorema. Otra manera de mirarlo es decir que Shakespeare es un hallazgo tan especial que encontrar otro como él es casi cero. O quizá, cada humano es así, un difícil infinito.
¿Diremos lo mismo de una obra del hombre? El hombre es más complejo que sus obras, suponemos. Luego, es más fácil recrear un obra, o, como el mismo Borges lo insinúa, se puede escribir dos veces el Quijote. Pero, y esto es lo fascinante, son las mismas letras pero no es el mismo Quijote. Su sentido es distinto porque la historia se ha colado en la escritura y las palabras se salpimentan de su contexto. Digamos que también tienen alma los libros, o, para los menos "supernaturales" (en el sentido de Asimov), los libros tienen sentidos.

La complejidad del ser humano es constitutiva, la de los libros es derivada. Es un infinito menor dentro del infinito mayor. Creo que esta una dicción matemática, también.
En fin, a lo que voy. Hace poco leímos que unos monos virtuales están por acabar las obras de Shakespeare, es decir, han realizado la hazaña de recrear algo existente por puro azar. Mentira, no es tan puro. Simplemente, cada avance toma en cuenta las combinaciones que se hicieron antes, como un contexto que restringe lo que se va escribiendo. Es decir, los monos virtuales mencionados pueden escribir la obra de Shakespeare porque… ya fue escrita. No es que hayan creado por azar vitaminado una nueva obra maestra, es solo que han filtrado el azar y han hecho lo que haría una generación de epígonos shakespearianos: encontrar de nuevo al maestro. Es lo que siempre han hecho las escuelas literarias. Sólo que no es un software. No han creado, sin embargo.
Por otro lado, me he encontrado con un servicio en línea que me convierte en mono virtual y creo feliz en mi azar determinado. Este servicio se llama vizlingo y funciona así:
a. Escribo una oración (en perfecto inglés o bien en slang, algo que el software reconozca como inglés).
b. Por cada palabra (que no sea conjunción, artículo o cosa similar) ubica una imagen alusiva.
c. Une los fragmentos para mostrarme un video.
d. Me permite re-seleccionar entre otras posibilidades por cada palabra.
He creado un video a partir de mi oración. ¿Es obra del azar? ¿El diablo tiene poderes creadores?
Veamos. Las imágenes que compone el video son extraídas de fuentes públicas que han sido etiquetadas, es decir, a partir de los tags de las imágenes se selecciona, ¿al azar?, una por cada palabra. El sentido fue introducido previamente por alguien. Un humano ha dado el contexto significativo. No es el azar. No es el infinito tecleo inane de los monos. La creación está en esa chispa semántica.

Y vuelvo a reiterar. Ni los monos virtuales crean, ni el software vizlingo lo hace. Como un titiritero anónimo, el hombre le da sentido a sus cosas, aunque lo quieran soslayar. Detrás de cada sinsentido humano, como la Biblioteca de Babel o la locura de un asesinato, subyacen sentidos, diminutos atisbos de un código que debemos rastrear. La literatura, la psicología, ambas comprueban en experiencias repetidas (lecturas o tests) como la individualidad de cada humano se descompone y se recombina en otro humano. Sean interpretaciones o terapias, la comprensión del otro humano está siempre moviéndonos, en perpetua crisis creativa. No cesamos de crear, no cesamos de adivinar (ser adivino es humanizar el universo, también).

La infinitud del hombre nace de su individualidad. La creación también.
 

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