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Celulares y computadoras o la convergencia funcional

La tecnología es una búsqueda incesante por mejorar lo que se tiene, aplicando cualquier tipo de conocimiento que ofrezca resultados tangibles. Eso se hace evidente en la carrera emprendida por la comunicación móvil, desde que los primeros celulares aparecieron hasta hoy. Se han vuelto más pequeños y más potentes, con menos requerimientos de energía (duran más) y ofrecen más. Los "smartphones" o teléfonos inteligentes son computadoras pequeñas que permiten navegar por internet, ver películas de alta calidad, enviar correos o mensajes multimedia, tomar fotos o grabar videos. Y los procesadores que lo permiten son más pequeños y potentes. Hay otra carrera similar, que es la de las computadoras personales, las cuales han posibilitado que se disponga de potencia para procesar datos suficiente para trasladar al hogar o al puesto unipersonal de trabajo muchas funciones antes reservadas a fábricas o empresas mayores. Por ejemplo, imprimir un libro de cierta calidad puede hacerse con una buena impresora y todo el software de diseño gráfico del que se dispone hoy.

Estas dos carreras parecían correr por carriles distintos o darse en estadios diferentes.  Pero…  Tengo una computadora en mi casa y un celular o móvil conmigo, es decir, la mayor potencia estaba reservada para un sitio fijo y las tareas más ligeras para el aparato que podía llevar. El primer acercamiento empezó del lado de las computadoras, cuando se introdujeron las netbook, livianas y simples, que podían llevarse en la maleta o el bolso y usarse en casi cualquier sitio. El segundo paso ha sido el renacimiento del tablet, ese artilugio que solo es una pantalla con la que se interactúa y que ofrece la potencia suficiente para hacer lo mismo que el netbook, al menos. Mientras esto pasaba, se exigía a los celulares afrontar más tareas y así surge el "smartphone", que puede hacer lo mismo que un netbook pero que lo complementa porque se encarga de las funciones móviles que un netbook, por su forma, no puede hacer: tomar fotos, grabar videos, usarlo para conversar.

Ahora la cuestión es hacer todas las tareas de la vida moderna con una sola máquina, lo que significa que la forma de la máquina es importante. El netbook es muy pequeño para trabajos complejos, donde tengamos que ver varias ventanas a la vez. El tablet sufre de lo mismo, y por otro lado, es muy incómodo para tomar fotos o grabar videos. El otro extremo es el "smartphone" que facilita esas tareas pero su pantalla es menor que la del netbook y el tablet. El problema ahora no es el tamaño o la tecnología en sí misma, porque tenemos suficiente potencia en el tamaño reducido necesario. El problema es la forma que debe tener la máquina para hacer las distintas tareas.

Una primera solución es tener todos esos aparatos. Ahí el problema se traslada a la conservación de la información. ¿Cómo seguir trabajando si tenemos que emplear nuestra información? De ahí nace el "cloud computing" o la computación en la nube, es decir, la disponibilidad de la información. Eso requiere más acceso a mis datos, más internet, internet por todos lados, en la casa, la calle, la oficina. Por otro lado, esta solución no está al alcance de todos, tanto por el costo que representa como por la necesidad de aprender a manejar varios aparatos y crear un ecosistema suficientemente ergonómico y sencillo al mismo tiempo que útil.

Otra solución es separar la máquina de sus dispositivos de entrada y salida. Descomponer. Hacer la máquina interactuante con ellos. Por ejemplo, tener un CPU que equilibre lo potente y lo pequeño con la capacidad de conectarse a pantallas, teclados, etc. de distintos tamaños y formas. Esta solución no está totalmente desarrollada, está en camino en distintas iniciativas, por ejemplo, la computadora de 25 dólares que David Braben (vía BBC) ha desarrollado (Raspberry Pi), que solo consta de un CPU del tamaño de un dispositivo USB de almacenamiento, que utiliza la energía de un celular (su procesador es ARM, que son usuales en "smatphone") y que puede conectarse a teclados y a pantallas vía HDMI (teóricamente, encuentras de esas en todos lados). La idea está en pañales (en prototipo) pero corre un Ubuntu 9.04, lo cual ya es empezar a ser una computadora (aunque ya se quiera usar Android para mayores máquinas, lo cual es otro indicio de convergencia).

Si esta segunda solución se desarrolla, es una excelente solución para aplicar en la educación de países en desarrollo (como el Perú, donde vivo). Permite combinar lo mejor de las dos soluciones de implementación hasta ahora imperantes: las aulas con computadoras de escritorio (más potencia y escalabilidad) y la dotación de portátiles (mayor movilidad y versatilidad de uso en contextos distintos). Al separar el poder de procesamiento y los periféricos, podemos tener a estos según los contextos y solo movilizar los pequeños cerebros. La actualización de hardware no pasaría por adquirir aparatos completos sino solo el componente requerido. Además, se podría reutilizar televisores y teclados, pues la reutilización permite una puesta en valor del parque computacional actual.

En la foto de abajo, extraída del mismo sitio web de la fundación Raspberry Pi, observamos el aparatito.

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