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Aprovechar la experiencia de navegar por internet

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Navegar por internet ¿a qué se parece?

Podemos navegar por internet como ir de compras (“shopping”, le dicen), donde buscamos regresar a casa con alguna cosita comprada, que es el objetivo aparente, pero la experiencia es salir de casa, con amigos, para mirar por ahí y por allá, distrayendo la mente, compartiendo la búsqueda de algo que nos agrade. Comprar es una excusa para pasarla bien en buena compañía. Esto también lo hacemos en nuestro mundo virtual. Entramos al navegador para algo, como enviar un correo, actualizar nuestros datos en redes sociales, subir una foto. Y mientras lo hacemos, saltamos de aquí para allá, mirando los muros de los amigos, enviándoles un mensaje, comentando sus fotos o notas, etc. Conversamos un rato, y otro, ý un poco más. Se nos pasa el tiempo en esto. Esto que puede ser una actividad diaria y una manera de navegar.

O quizá podemos navegar como vemos televisión, haciendo “zapping”, es decir, estamos mirando un programa, pero mientras están los comerciales saltamos a otros, o simplemente saltamos de uno a otro, mirando porciones de cada uno. Tal vez sucede que cada programa tiene algo interesante o bien ninguno es tan interesante como para robar toda nuestra atención o no nos podemos decidir por experimentar lo que nos propone cada programa (quizá estemos inquietos pensando en nuestros problemas). Eso hacemos también en internet, cuando no nos decidimos a establecer conversaciones, sino que andamos picando páginas, sin meternos de lleno a una. Nos atrae la vida de una estrella de cine, pero también ese artículo de cómo hacer barquitos de papel o un video en youtube y así por el estilo.

De todas esas experiencias ¿qué me queda? La satisfacción, el entretenimiento, unos nuevos favoritos en el navegador, un archivo que he descargado, pero la memoria es frágil y solo me quedan estos retazos de horas y horas de navegación.

¿Puedo mejorar esa experiencia, para que no quede solo como unas horas de agradables sensaciones sin resultados?

 

Sí. Puedo recuperarlas a través del historial del navegador, alguien me dirá.

Puedo ir mucho más allá, realmente, puedo aprovecharlas desde el mismo momento en que las vivo, si tengo el enfoque apropiado. Y antes de seguir, pido un momento para describir un par de ideas que me servirán para explicarme mejor:

  • A. Sintagma y paradigma: De Saussure, hito de la lingüística moderna, refiere de estas dos dimensiones del lenguaje humano: los mensajes son sintagmas, es decir secuencias de elementos previamente conocidos, estos elementos forman el paradigma, el conjunto de signos y reglas (esto último más recalcado desde Chomsky) que permiten generar el infinito número de sintagmas. El sintagma se da en el tiempo, el paradigma está presente como sostén de todos los sintagmas, por lo que es, por así decirlo, transtemporal o atemporal. El sintagma es sucesivo y lineal, el paradigma es sistemático y estructural. La navegación por internet se da “sintagmáticamente”, pues cada ventana abierta es un punto de un recorrido. ¿Dónde está el paradigma en la navegación por internet? Ajá, dirá alguien más, está en los directorios de sitios. Mmm. Luego daré mi respuesta a esto, pero necesito otra idea antes.
  • B. Conectivismo: Siemens postula que el aprendizaje está en la red. Es decir, que aprender es el proceso de enlazar una serie de experiencias de tal manera que adquieran sentido, no es simplemente juntar unas con otras porque me las voy encontrando. Lo novedoso del enfoque (que no es tan novedoso como teoría del pensamiento o conocimiento) es que arguye que el conocimiento no está dentro sino fuera: en las conexiones que quedan impregnadas o grabadas. Hoy en día no memorizamos algo, solo lo guardamos de alguna manera que podamos recuperarlo. Platón se quejaba de los libros, que almacenaban el conocimiento que debía quedar en la mente. Los maestros de hoy se lamentan que el conocimiento del estudiante se almacene en su historial del navegador y en los sucesivos actos de “copia y pega”. He visto que muchos de nosotros no almacenamos una dirección de internet, sino que hacemos una búsqueda en Google cada vez que queremos volver a ese sitio. El conocimiento es la conexión que está almacenada fuera de nosotros, solo que nosotros almacenemos la clave de la conexión, simplemente, solamente.

Si nuestro conocimiento se queda en ese recorrido por internet que dejamos olvidado porque no recordamos o guardamos o recuperamos todos los pasos que dimos, ¿hemos perdido el control de nuestro conocimiento, desaprovechamos nuestra experiencia de navegar por internet?

Hay dos formas para recuperar nuestro conocimiento y aprovechar nuestra navegación.

  • A. El navegador Firefox (descarga desde aquí) tiene una característica que se llama “Panorama” (vean el video), que permite agrupar pestañas según el criterio que elija el navegante. Es decir, después de cierto trecho y varias pestañas abiertas, el navegante mira lo que recorrió y reflexiona de manera práctica: abre el espacio de “Panorama” y empieza a colocar sus pestañas según sus necesidades. En otras palabras, está convirtiendo su sintagma navegacional en un paradigma personal. Está descubriendo cómo organizar su recorrido y descubriendo las categorías con las que piensa y vive. No es la única manera con la que el maravilloso Firefox nos ayuda en ese aprendizaje: sus extensiones como Scrapbook, Zotero y similares nos permiten proponer una verdadera “gestión del conocimiento” (es decir, encontrar reglas para crear y manipular el conocimiento). De eso profundizaré en un artículo próximo sobre el “Firefox educativo”.

Se observa cómo funciona “Panorama” del navegador Firefox, que organiza visualmente los sitios que se van recorriendo.

  • B. Una herramienta de reciente aparición como “Storify” propone otra opción para recuperar mi experiencia de navegación. Permite construir artículos en línea creados al “incrustar” en vivo fragmentos de otros sitios, a los que voy agregando comentarios. El proceso no es nuevo, de hecho, es el proceso más viejo del mundo: así pensamos. O bien, así escribimos monografías, tesis y similares, citando y “recitando” las fuentes. Lo novedoso es que no lo hacemos post-mortem,es decir, mientras escribimos volvemos la vista atrás a buscar las fuentes, lo hacemos en vivo. Aquí tengo dos paneles: al lado izquierdo se encuentra un espacio donde puedo ver videos, buscar en twitter, ver sitios y redes sociales, y al lado derecho voy colocando lo que he marcado como pertinente o suculento, y escribiendo pequeños textos que explican porque estoy metiendo esos fragmentos. Storify lo plantea para escribir historias, pero esto va más allá: ya no solo es que el conocimiento se encuentre en las conexiones como un resultado a recuperar, sino que construimos el conocimiento mientras lo vivimos.
Explica como funciona Storify, a partir de la navegación de la izquierda.

 

Con estas dos opciones podemos aprovechar nuestra vivencia que parece irse perdiendo mientras navegamos. Ahora la experiencia deja una huella, nuestro pensamiento vive y prospera sin perder tiempo.


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