Los temas del blog

Aprender a ser en la virtualidad

shiny star leaf fringed weirdly in tarry moongate

No hay duda que la tecnología inunda el mundo. Es inevitable encontrarla a cada paso, visible o invisible. La tecnología es parte de nuestro contexto cotidiano y ciudadano. Por lo tanto, se espera que podamos usarla y aprovecharla en nuestro día a día. En un país como el nuestro, en que existen muchas zonas con desventajas económicas, se dirá que no encontraremos tecnología y que más bien su ausencia es una desventaja más. Sin embargo, la tecnología se presenta de muchas formas, muchas veces de manera inadvertida o poco notoria. Incluso en esas zonas de pobreza, la necesidad de comunicarse es ineludible y exige soluciones de mínimo costo y mayor efecto. Las tecnologías de información y comunicación han alcanzado a todas las zonas, incluso las más recónditas, y, si no lo han hecho, son las tecnologías que se requieren en la primera oportunidad, porque abren oportunidades. Por ello decimos que el aprendizaje de estas tecnologías es, de hecho, una necesidad en cualquier lugar de nuestro Perú. 

Radio, televisión, celulares e internet son el abanico tecnológico que conocemos y usamos, unos más que otros y que empleamos para la comunicación. La radio y la televisión nos han exigido el aprendizaje de nuevos códigos, que impregnan todas las actividades sociales. En muchos casos, la cultura aprendida de la mayoría de la población se ha nutrido de estos medios de comunicación. Por ello, hemos aprendido a captar una señal de radio y a sintonizar un televisor, y, más allá del dominio del aparato, hemos aprendido a interpretar los ruidos, voces y silencios y los distintos géneros que ofrece la televisión. Comprendemos que los "talk show" no son la realidad, que es distinta una telenovela que un documental y que las noticias de distintos canales ofrecen distintas versiones de un mismo suceso. Eso significa haber aprendido a comunicarnos por radio y televisión. Ciertamente, no hemos llegado a producir programas de radio o de televisión, pero en las escuelas se suelen usar para que los estudiantes se diviertan y aprendan y, además, se involucren con su realidad inmediata. Hemos aprendido todo esto sin recibir clase alguna, participando de la escucha o de la visión, conversando. Probablemente, por eso mismo, no habremos llegado a crear programas de radio o televisión, y porque no teníamos los medios técnicos adecuados: grabadoras, filmadoras, etc.

Ahora estamos viviendo una segunda oleada de medios de comunicación: el celular y la computadora con internet, digamos. Los que manejamos teléfonos con discos de números antes, debemos volver a aprender a ¿hablar? por teléfono. Debemos volver a comunicarnos por teléfono. Enviamos mensajes de texto (escribimos en el celular), identificamos a quien nos llama (con tonadas distintas para el amor y el trabajo), jugamos o escuchamos música con ellos mientras hacemos cola o esperamos. El teléfono es un aparato multifuncional hoy y estamos volviendo a aprender cómo usarlo. Y siempre sin clases, sin ayuda de ninguna institución.

 

Con la computadora y con internet podría pasar lo mismo. Perdón, pasa lo mismo. Los aprendemos por ósmosis, a través de las experiencias compartidas o de los fracasos solitarios. Sin mapas, solo con la luz del sol y de las estrellas.

¿Por qué es así? ¿dónde hay un mapa, orientaciones, caminos claros? La escuela oficial (y su curriculum) parece que ignoran ese universo. Y si responden, suele ser dentro de los muros, sin intenciones de que el mundo se filtre en sus pasillos. Por ejemplo, la existencia y búsqueda de páginas pornográficas no se acabará porque se prohíba verlas en la escuela. En esas páginas es donde muchos escolares aprenden sobre sexualidad, donde exploran, donde se pierden. Donde convierten al otro en una mancha de colores excitante, en un amasijo de sensaciones sin cuerpo, por más cuerpos que vean y por más desnudos que estén. ¿Cómo no eludir el problema, dónde existen guías?

En este mundo virtual no existen templos donde recabamos instrucciones para vivir. Los consejos están allí, diseminados, dispersos como la arena de las dunas, cambiantes. El mapa para conducirnos son los otros con los que hablamos, con los que compartimos experiencias, en los que aprendemos a confiar después de intentar e intentar encontrar alguien. No es la idea de la red social como un panel donde pego figuritas, donde cada clic es un saludo superficial. La verdadera red social, la web semántica es aquella donde las pocas conexiones que tenga signifiquen un apoyo, un consejo, una palabra de aliento en un momento de pena. Como en la vida diaria, fuera de la red. Ciertamente, inundamos con pedidos de amistad nuestros espacios en línea, aceptamos solicitudes de amistad a diestra y siniestra, navegamos sin demorarnos mucho en leer los ralos comentarios y, de pronto, nos animamos a responder alguno, a devolver un clic. Conversamos de casi nada durante mucho tiempo. Lo interesante es que es más probable encontrar a alguien afín en este viaje que en los espacios que la ciudad nos deja para conocer gente. ¿Por qué? Supongo que las inhibiciones se debilitan cuando no es tan peligroso decir lo que pensamos, lo más doloroso es no seguir conversando.

Entonces, ¿dónde están las guías? Menos que en la vida diaria, se nos revelan en nuestras expectativas y nuestros intentos. Son más personales, quizá más frágiles, y son espejos de nuestras dudas y esperanzas, con más fuerza que en este otro mundo desde el que escribimos. Tal vez por ello, somos más adictos al otro mundo, al mundo virtual: se parece más a nosotros, como queremos ser o como nos dejamos ser. En este mundo, nos conduce nuestra intuición. Estamos más solos porque no sabemos navegar, pero más acompañados porque todos nos mostramos igualmente fallidos, ilusos, ilusionados, igualmente humanos.


Atribución Algunos derechos reservados por quapan

Eres bienvenido a compartir...

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>